martes, 22 de mayo de 2018 03:55
Opinión

Si esto no es un golpe de Estado, ¿qué demonios es??

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

El 23 F de 1981 me pilló trabajando en la redacción que Radio Miramar tenía en el número 9 de la barcelonesa Plaza de Catalunya. En la histórica emisora trabajaban entonces un notable grupo de buenos profesionales, algunos de los cuales hoy dirigen programas de máxima audiencia en la radio española y otros, desgraciadamente, ya no están entre nosotros, pero que han dejado imborrable recuerdo en la "Historia de las radios".

El 23 F de 1981 me pilló trabajando en la redacción que Radio Miramar tenía en el número 9 de la barcelonesa Plaza de Catalunya. En la histórica emisora trabajaban entonces un notable grupo de buenos profesionales, algunos de los cuales hoy dirigen programas de máxima audiencia en la radio española y otros, desgraciadamente, ya no están entre nosotros, pero que han dejado imborrable recuerdo en la "Historia de las radios", que es como me atrevo a llamar a lo que la gente del medio hemos aportado a la comunicación de este país. Salvador Escamilla, Carlos Herrera, Soler Serrano, Encarna Sánchez, Andrés Caparros, Julia Otero, Mari Carmen Juan, Pedro Bernal, Jose Manuel Parada, Chelo García Cortes, Pepe Antequera, J,.Antoni Pagés, Carmen P. Flores y muchos otros más, con tanta o mejor profesionalidad, que omito para no cansarles, formaban parte de ese círculo virtuoso, como se dice hoy día, en el que a este periodista le correspondió el papel de ser el Director de sus muy modestos pero entusiastas Servicios Informativos.

Aquella triste noche en el que se intentó subvertir la legalidad vigente, el propietario de la emisora, un gran hombre de radio ya desaparecido, Josep Maria Ballvé, me dejó al mando de la radio, de la que no quiso irse su Director Marcelino Rodríguez de Castro, mi maestro y amigo, que permaneció en su despacho esperando lo que había de venir, como muchos años antes había hecho su padre, el valiente capitán de carabineros de la guarnición de Tuy en el funesto 18 de Julio de 1936. El leal militar sería fusilado por los esbirros de Franco porque había escogido permanecer fiel a la República y se había negado a entregar las armas a los sediciosos que querían disparar contra la gente.

Les cuento esta modesta historia para que entiendan, si así lo desean, lo que significa para algunos de nosotros el respeto a la legalidad democrática y el compromiso con la democracia que ha costado tanto trabajo recuperar a todos los españoles y que aquella noche vi peligrar desde la redacción de la más modesta, pero también más independiente, radio de Catalunya. Mi vida profesional, a partir de aquel día, no fue la misma. Me volví un furibundo republicano y un perpetuo defensor de la débil Democracia que acababa de ser pisoteada sin ningún escrúpulo por quienes manejaron la situación a su conveniencia, dejando que solo unos pocos apandaran con las consecuencias de unos hechos injustificables.

Ayer sábado, y seguramente el lunes, voy a tener la misma sensación que experimenté aquella noche histórica. Y ésta será la de alguien que quiere movernos en la dirección contraria a lo que el sentido común nos dicta y la democracia exige. Y como entonces, no pondré música clásica para disimular que no pasa nada, sino que cogeré el micrófono, ahora trasformado en ordenador, para defender desde mi insignificancia personal la libertad que nos hemos ganado entre todos, como hice aquella noche mientras mis colegas de otras radios ofrecían una programación de mucha calidad musical. Vamos, que no me callaré, cueste lo que cueste.

Y lo haré, como he venido haciendo en los últimos meses, pidiendo, primero, cordura y diálogo y, a continuación, denunciando públicamente a esa casta de cobardes que quieren quedarse con Catalunya, engañando a sus conciudadanos, pero también a costa de los millones de españoles que han hecho posible con su voto, que, por ejemplo, Tarradellas volviera del exilio y se recuperara la Generalitat y con ella la normalidad institucional en el Palau de la Plaça de Sant Jaume, algo que parece haber olvidado "el astuto" Artur Mas y "el cobarde" Oriol Junqueras, que el día anterior se escondió cuando a él, "personalmente" le tocaba interrogar al corrupto Jordi Pujol, por la sencilla razón de que lo que lo que quiere este Mesías del Llobregat es ser President y sabe que los votos de los pujolistas, cuando Mas pierda gran parte de su electorado, le van a ser imprescindibles para lograr la mayoría absoluta que anhela para después arruinar Catalunya. Si no me creen, pregúntenle a los empresarios catalanes si le quieren de President y confían en sus habilidades como gestor.

El decreto ya se ha firmado. Ahora falta que el Gobierno firme su recurso. Los dos trenes ya se encuentran a toda velocidad dispuestos a encontrarse el 9 de Noviembre. Nada será igual a partir de entonces y todos, especialmente los catalanes, habremos perdido mucho con este formidable choque. Y yo me pregunto todavía si esto que nos está pasando no es un golpe de estado como dicen algunos colegas de Madrid. ¿Qué demonios es??.

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