lunes, 19 de abril de 2021 08:38
Opinión

Lo de Pablo Iglesias, ¿es un adiós o un hasta luego?

Carmen P. Flores
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Directora de Pressdigital

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El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, en el Congreso de los Diputados el 24 de marzo de 2021.

Pablo Iglesias (EP)


Decía el escritor de ficción Brock Thoene que “siempre es más difícil que te dejen atrás que ser el que se va”. Eso es lo que ha debido pensar Pablo Iglesias cuando tomó la decisión de su vida política al anunciar su marcha del gobierno de Pedro Sánchez, siendo vicepresidente, en una huida hacia delante para encabezar la lista de Unidas Podemos a las elecciones madrileñas. Iglesias decía en su última intervención parlamentaria que “dimitiré como diputado antes que como vicepresidente” trastocando así sus planes iniciales de mantener los dos cargos: vicepresidencia y acta de diputado hasta que empezara la campaña electoral, el 18 de abril. No tuvo en cuenta, alguien no se lo dijo, que la ley electoral de la Comunidad de Madrid deja claro en su artículo tres que eso no es posible.


El diputado morado ha vuelto a tener el protagonismo en su última intervención parlamentaria. No ha desaprovechado la ocasión para mantener un agrio intercambio de reproches con Teodoro García Egea, al que le decía “ya está bien de corruptos, ya está bien de comprar diputados y ya está bien de impunidad”. Para minutos después anunciar que en las próximas horas presentará una denuncia contra el secretario general del PP. Como era de esperar, las expectativas se han cumplido y, como hiciera en su debut parlamentario, Pablo Iglesias volvió a repetir la frase: “Porque fueron, somos; y porque somos, serán”.


Hace cinco años Pablo Iglesias entraba en el Parlamento con una frescura que conseguía ilusionar a mucha gente desencantada. Se anunciaba un cambio en la forma de hacer política.Venía dispuesto a terminar con lo que él llamaba la casta. Pero cinco años después, él y su partido han sucumbido a las prebendas que tanto habían criticado. La esperanza inicial y la ilusión se ha transformado en frustración y división. Y no solo política, sino ciudadana. ¿Se ha propiciado otra vez el hablar rojos y fachas? Eso parece, para desgracia de todos. Ahora parece que solo se pueda ser una de las dos cosas y son excluyentes. Todo esto recuerda a aquella canción que cantaba Juan Erasmo Monchi cuyo estribillo decía “los que se van ya volverán. Cuando se fueron no querían marchar. Los que se van ya volverán”. Es aplicable a los dos “bandos”.


Así que, Pablo Iglesias se va, dice que para no volver a ninguno de los cargos que aún ostenta por pocos días. Lo que le depara el día 5 de mayo está supeditado a los resultados que consiga. El líder morado, que no se encuentra en su mejor momento, se la está jugando a una sola carta que le puede salir bien o mal. En este juego siempre tiene ventaja el repartidor. Si no consigue buenos resultados - según las encuestas no lo van a ser- su carrera política se habrá terminado. Por eso, la campaña electoral está siendo muy dura y más aún cuando se vaya acercando la fecha de las votaciones. ¿Querrá suicidarse políticamente Iglesias? Algunos dicen que sí. Hay más de uno que lo está deseando, también en su formación política. Ha dejado demasiados cadáveres en el camino y ya se sabe que “el que siembra recoge los frutos de lo sembrad”o. Y si la jugada arriesgada la supera, Iglesias podrá decir “No es un adiós, es un hasta luego”. El sorteo, el 4 de mayo, en la Comunidad de Madrid


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