sábado, 18 de septiembre de 2021 00:57
Salud

Ciril Rozman: “Yo me siento internista integral y así lo aplico en la asistencia y en la docencia”

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Un momento de la entrevista con el Dr. Ciril Rozman/ @Catalunyapress


El Dr. Ciril Rozman Borstnar es una de las figuras más relevantes de la Medicina Interna en España, con una visión propia de lo que significa esta especialidad que antepone a otras actividades como la investigación y la docencia. Él se considera un médico internista y lo demás es consecuencia de ello. Y eso que en el campo de la Hematología es considerado unos de los grandes expertos mundiales en Leucemia Linfoide Crónica (LLC).  Y el primer autor español a quien la prestigiosa revista The New England Journal of Medicine encargó una revisión sobre la enfermedad. A su edad, 92 años, sigue sintiendo la misma pasión por la medicina y está al día de lo que ocurre en este campo.



Es un médico, investigador y docente que aplica a su campo el humanismo que muchos compañeros actuales no hacen. Siempre ha practicado la política del esfuerzo y el compromiso con sus enfermos a los que nunca ha dejado abandonados. Una rara virtud en este sabio de la medicina que nunca ha olvidado a sus maestros, ni tampoco a los integrantes de sus equipos de los que se siente orgullo. Son muy numerosos los premios que ha recibido como  reconocimiento a sus trabajos, que no son pocos.


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-  Dr. Rozman el Tratado de Medicina Interna, una obra publicada ininterrumpidamente durante 100 años, sigue siendo un instrumento importantísimo en la actualidad. ¿Cuál ha sido su aportación?



-Empecé a ayudar a Pedro Farreras Valentí de estudiante, en 1952 y tras su fallecimiento, en 1968, cogí la dirección hasta ahora. Es decir, he estado más de 50 años. El Tratado se llama Farreras - Rozman, “Tratado de Medicina Interna”. En él aparecen dos grandes volúmenes, con un total de casi tres mil páginas. La última es la edición 19 del 2019. En mi labor me ha ayudado mucho Francesc Cardellach como subdirector. Con él tuvimos la idea de elaborar un compendio de medicina interna, que resume los dos volúmenes del tratado en un formato pequeño de  800 páginas. De este libro hace pocas semanas ha aparecido la novena edición de gran éxito, entre los estudiantes, lo que demuestra el acierto de esta decisión. El tratado sigue teniendo un gran éxito, pues a diferencia de otros textos que se editan en formato digital, el nuestro sigue publicándose en formato impreso. Constituye un libro de texto en muchas universidades latinoamericanas, lo que nos satisface. En el caso de que un día yo falte, el doctor Cardellach pasará a ser el director y nombrará a un subdirector.


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El  Dr. Rozman le sonríe a la vida/ @Catalunyapress


- Usted está considerado, entre otras muchas cosas, como uno de los grandes expertos en Leucemia Linfoide Crónica (LLC). ¿Qué ha cambiado en la detección y tratamiento de la misma en estos últimos años?


- Antes de entrar en esta materia, debo manifestar que yo me siento internista integral y así lo aplico en la asistencia y en la docencia. Otra cosa es la investigación, que para ser de calidad debe limitarse a algún campo. Yo no tuve dificultades de elección, pues mi maestro y mentor, Pedro Farreras Valentí investigó en hematología.


Mi equipo se dedicó durante muchos años a estudiar numerosos aspectos de la LLC: diagnóstico, estadiaje, biopsia medular y otras. Después de una larga temporada sobrevino el éxito. Una de las mejores revistas de Medicina The New  England Journal  of Medicine, editada en Boston, EEUU, me llamó  invitándome a escribir una revisión sobre esta enfermedad. Yo no había enviado ningún manuscrito, sino que fue la dirección de la revista la que se puso en contacto conmigo. Este hecho fue histórico pues se producía, por primera vez, la circunstancia de que un médico residente en España fuese invitado a un compromiso tan distinguido. Lo acepté e invité al profesor Emilio Montserrat en el encargo.


El 30 de noviembre de 1995 apareció la publicación que tuvo una gran repercusión. Pero a ello se añadieron, además, dos circunstancias favorables de mi entorno familiar. Mi hija Maru, que sigue trabajando en el hospital  Clínico, tiene en su currículum 13 publicaciones sobre la LLC, como coordinadora del Pathology Group del CLL Genoma Project del International Cáncer Genoma Consortium que ha revisado hasta ahora 1000 casos de LLC.


Mi hija Olga, gran informática, me ayudó a desarrollar el sistema de supervivencia actual, mediante el método de Kaplan-Meier. Ello me ha permitido observar que esta enfermedad es silente y que sería un gran error tratarla en una primera fase. De hecho, algunos de nuestros pacientes sobrevivieron varias décadas para fallecer de otras enfermedades.


- Usted atendió en su día al tenor Josep Carreras en su enfermedad ¿eso ha ayudado en la investigación y tratamiento de la leucemia?



- Al Sr. Josep Carreras le atendimos conjuntamente dos equipos: el dirigido por el premio Nobel Donall Thomas de Seattle, EEUU y el dirigido por mí en el Hospital Clínic de Barcelona. Este acontecimiento que fue seguido con éxito, sirvió para que mi equipo se entrenara en el procedimiento de trasplantes de progenitores hemopoyéticos. 


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Yo me desplacé junto con uno de mis colaboradores, el Dr Grañena – que en paz descanse- a Seattle, donde realizamos en dos semanas, el correspondiente entrenamiento. Después de ello, y de haber adquirido el material necesario para esta técnica, la pusimos en marcha en sus diversas vertientes (autogénico, alogénico, de donante, familiares y no emparentados). 


Después de mi jubilación, en el hospital Clínic, aún lleva a la práctica diversas modalidades de trasplantes, la Dra. Montserrat Rovira, con entusiasmo y gran profesionalidad.



Con todo, mientras que los trasplantes de hígado o riñón se asocian con una mortalidad relativamente leve, esta se considera inaceptable en el trasplante de progenitores hematopoyéticos (trasplantes de médula ósea). Por esta razón, algunos grupos empiezan a plantearse la posibilidad de buscar otras alternativas terapéuticas. Hay que esperar la evolución en los próximos años.


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El Dr. Rozman durante su entrevista para @Catalunyapress


- ¿Para ser un buen médico hay que ser también una buena persona, o no es necesario?


- A mi juicio, ello es necesario, ya que implica una correcta relación entre el paciente y el médico. Desde el punto de vista ético, un médico tiene derecho a recibir los emolumentos correspondientes a su prestación, pero estos jamás deben prevalecer sobre el derecho del paciente. Quiero comentar al respecto lo que sucede en Norteamérica a diferencia de Europa. La población americana mayoritariamente carece de una protección sanitaria adecuada, aunque en su día el presidente Obama lo consiguiera parcialmente.


Algunos médicos contratados por las mutualidades, esconden a los pacientes los posibles beneficios de nuevos tratamientos para no perjudicar a la empresa contratante. En este caso, no se trata de buenos médicos, sino de malas personas.


- ¿Piensa que es sostenible el Sistema Sanitario español?


- En mi opinión, la calidad del sistema sanitario español se ha ido deteriorando. Por un lado, había demasiados sanitarios (médicos y enfermeras) en situación de interinidad, y, por otro, las plazas de sanitarios jubilados no se reponían. Ello llevaba a una progresiva sobrecarga del trabajo y consecuentemente al empeoramiento del sistema.


Solo ha faltado la pandemia del Covid-19 para que ello se hiciera más patente. Produce un cierto consuelo observar como el epidemiólogo, Dr. Antoni Trilla lucha para reconocer distintas variantes del virus y para implantar una amplia vacunación. También impresiona la gran sinceridad del Conseller de Salut de Catalunya, el Dr Josep María Argimón, al reconocer los errores que pudieran ser responsables del quinto rebote.


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Rozman en plena faceta investigadora


- ¿Cree usted que, en la actualidad, los alumnos estudian para aprobar y no para ser médicos?


-El problema de la educación de pregrado, pero aún más en el postgrado es que la enseñanza es muy teórica y poco apoyada en la práctica. El sistema MIR (postgrado) es bueno, pero su examen no, porque es memorístico y no evalúa la capacidad de ejercer.  A mi juicio, los aspirantes a ejercer en un hospital deberían ser evaluados por ese hospital.



La actual despersonalización de la praxis médica lleva al despropósito de las consultas en la que el médico no mira al paciente, sino al ordenador.

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A los MIR hay que enseñarles cómo afrontar la primera visita a un paciente. En primer lugar, debe hacerle una historia clínica, mirándolo a la cara y no al ordenador. Luego debe realizarle una exploración física, utilizando los sentidos: vista, oído, olfato, y tacto (en tiempos antiguos incluso el gusto para descubrir el sabor dulce de la orina en un paciente diabético). En este momento es probable que ya se disponga de una hipótesis diagnóstica, y se pueda proceder a las pruebas complementarias con la correspondiente moderación para no sobrecargar el sistema sanitario.



El médico que no actúa de este modo, sino que realiza la anamnesis (Conjunto de datos que se recogen en la historia clínica de un paciente con un objetivo diagnóstico) sin dejar de mirar el ordenador no consigue formar una hipótesis diagnóstica y ese es el error de solicitar un sinfín de pruebas complementarias, sobrecargando el sistema sanitario. En este ejemplo queda ilustrado como deberían ser las bases de la educación médica .



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