jueves, 14 de diciembre de 2017 03:36
Opinión

Cuidado con Esperanza Aguirre

Manuel Fernando González
Manuel Fernando González

A Coruña, 1952

Anda el Partido Popular lamiéndose las heridas del último feo de Esperanza Aguirre. A simple vista, parece un nuevo desdén de la política madrileña, pero lo cierto es que es algo más, mucho más y mucho más serio que una simple disputa por una federación autonómica.

Anda el Partido Popular lamiéndose las heridas del último feo de Esperanza Aguirre. A simple vista, parece un nuevo desdén de la política madrileña, pero lo cierto es que es algo más, mucho más y mucho más serio que una simple disputa por una federación autonómica.


Vivimos tiempos electorales en los que a los dos grandes partidos les han salido, a diestra y siniestra, formaciones que van, por lo que parece, a sacarles votos y militantes, y con ello, configurar un nuevo mapa político mucho más plural y, por lo tanto, ingobernable. El que más claro lo tiene ahora mismo es el PSOE, al que Podemos le ha hecho un roto importante y también Ciutadans, que ha sabido pescar sigilosamente en sus filas, llevándose una buena parte del electorado socialdemócrata y hasta el federalista, especialmente en Catalunya, donde el PSC no ha sabido adoptar una postura firme y clara que le hubiera evitado el tocar fondo, como ahora parece que le ha sucedido. A los populares, en cambio, les queda todavía por perder gran parte de sus votantes a su derecha ideológica, bastante enfadados por cierto, que solo abandonarían la formación si una líder como Esperanza Aguirre, que dice que no quiere ser candidata a la alcaldía de Madrid y aprovecha los meses que le quedan hasta las generales para tirar desde su feudo madrileño del apoyo de Aznar y de todos aquellos dirigentes, que los hay, que han sido ofendidos o relegados por Mariano Rajoy y sus dos escuderas políticas, Soraya Sáenz de Santamaria y Maria Dolores Cospedal, la general secretaria que le ha pedido a su amiga Espe que deje libre su cortijo madrileño.


El resultado de una acción de esa naturaleza significaría un verdadero terremoto en Génova, donde viendo lo que pasó con el fallido intento de Vox, que estuvo a punto de conseguir diputado, saben que, en la siguiente ocasión, se unirían a Esperanza Aguirre muchos dirigentes, ahora mismo desperdigados en diferentes foros y pedanías políticas. A saber: Entre que Ciudadanos les discute el voto centrista y que los que no se sienten a gusto con "el liberal" Rajoy están buscando su banderín de enganche, solo les faltaría que de aquí a las generales apareciese una líder que uniera a los descontentos, muchos de ellos, por cierto, en la actual Federación madrileña del PP.


Por eso, ahora toca mano de seda diga lo que diga la candidata y ponerle un cirio a la Virgen de la Almudena para que gane la Alcaldía de Madrid, para así tener ocupada a una mujer que controlada es un peligro político de primer orden, pero que, sin ataduras, puede transformarse en una verdadera bomba atómica. La otra solución pasa porque su derrota electoral sea estrepitosa y desvinculante.

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