miércoles, 23 de agosto de 2017 19:46
Opinión

Hagamos cuentas 

Rubén Olveira
Rubén Olveira

Cuando el euro comenzó a convertirse en moneda oficial en España, coexistió durante un tiempo con la peseta. Después, llegó un día en el que la anterior moneda fue sustituida totalmente por la actual.

Cuando el euro comenzó a convertirse en moneda oficial en España, coexistió durante un tiempo con la peseta. Después, llegó un día en el que la anterior moneda fue sustituida totalmente por la actual.


Hagamos memoria de algunos precios, por ejemplo: un café expreso costaba, en Barcelona, aproximadamente 90 pesetas, lo que correspondía a 54 céntimos de euro.


Cualquier refresco del tipo de las colas en un bar, costaba más o menos 100 pesetas, lo que equivalía a 60 céntimos de euro.
Así podríamos seguir hasta la saciedad, calculando el precio de muchos artículos de primera necesidad, como el pan, la leche, la carne, la verdura, la fruta, y un largo etcétera alimenticio y comparándolos con lo que cuestan en la actualidad.
Así podríamos estarnos hasta la noche, comparando el precio en pesetas de los billetes de autobús, de metro, de tren, con su coste actual en euros.


Un billete de bus simple cuesta en este momento 2 euros con 15 céntimos, lo que llevado a pesetas serian 358. Si adquirimos la tarjeta T- 10 el precio baja, ya que la misma cuesta 9,95 euros, lo que traducido a la anterior moneda serían 1.666 pesetas, o sea que cada viaje nos cuesta 166 pesetas.


En cualquier bar más o menos céntrico de Barcelona, un bocadillo de jamón del país, con una bebida refrescante cualquiera y luego un café, llega en el noventa por ciento de los casos a superar los 6 euros, lo que convertido a la antigua moneda representa la friolera de 1.000 pesetas.


Un menú de trabajo en cualquier tasca de polígono industrial aproximadamente costaba 900 pesetas que llevadas al euro eran 5, 40.

Cualquier menú de estos establecimientos a los que acuden los trabajadores de los alrededores de la urbe, sube hoy en día a 9 euros mínimamente, lo que llevado a pesetas se convertirían en 1.500.


Una hora de parking público cuesta 2,50 euros, lo que equivale a 416 pesetas, ni más ni menos.


Haga cuenta el lector y tome conciencia de que al euro nos lo han dado con queso y no tuvimos más remedio que tragárnoslo sin que nos beneficiara en nada. En nada.


La señora Merkel, el señor François Hollande, el Banco de crédito Europeo, el Fondo Monetario Internacional -que contó en su plantilla directiva con Rodrigo Rato-, los partidos europeístas que creyeron que una federación de naciones se tenía que fabricar a través de fórmulas monetaristas, descuidando los aspectos sociales y haciendo que los ricos de Europa cada día sean más ricos y los pobres cada vez más pobres, son los artífices de la difícil situación por la que atraviesa nuestra Unión.


Después del final de la Segunda Guerra Mundial, hace de esto 70 años, nos encontramos nuevamente ante la poderosa Alemania unificada y su actual acólita Francia, dirigiendo el proceso político de Europa. Ojalá que no acabe como aquél. Por fortuna, nuevas tendencias aparecen en el horizonte de los más perjudicados, como el triunfo en Grecia de Syrisa, esa nueva izquierda emergente, debido al hundimiento de los partidos de los ganapanes que colaboraron en el proceso de acogotar a la gente humilde de ese país, dejándolo prácticamente sin clase media.

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