lunes, 23 de octubre de 2017 00:51
Opinión

RON Y COCA-COLA

Rubén Olveira
Rubén Olveira

Una mañana de sábado, cuando yo aún fumaba, entré al bar de la esquina de mi casa a comprar cigarrillos. Después de que la máquina expendiera la cajetilla, me aproximé a la barra y pedí un café con sacarina, para no ingerir azúcar y seguir fiel a la dieta.

Una mañana de sábado, cuando yo aún fumaba, entré al bar de la esquina de mi casa a comprar cigarrillos. Después de que la máquina expendiera la cajetilla, me aproximé a la barra y pedí un café con sacarina, para no ingerir azúcar y seguir fiel a la dieta. Entonces, oí una voz proveniente de un lugar del mostrador próximo al mío, que se refería, con sorna, a la manera cómo yo me cuidaba. Contesté lo que se suele argumentar en estos casos: el médico, el colesterol, los kilos de más y ya se sabe.


En ese preciso momento, un niño de corta edad penetró súbitamente en la tasca; se aferró a la pierna de mi interlocutor, que era su padre, y comenzó a pedirle compulsivamente que le comprara una Coca Cola.


El hombre preguntó al pequeño qué hacía solo en la calle. El niño contestó que afuera, en la puerta del bar, estaba su madre charlando con una vecina.


El padre tomó de la mano al hijo y desde el marco de la puerta del establecimiento, le hizo saber a su mujer lo que el pequeño le había pedido. También le preguntó si ella, alguna vez, le había dado a tomar esa bebida, a lo que su esposa contestó airadamente que nunca lo había hecho. Entonces, el parroquiano devolvió al niño a su madre y le advirtió que no lo dejara entrar en la tasca.


Al volver, se dirigió a mí y afirmó que la Coca Cola era un veneno para un niño e incluso, malísima para un adulto, aunque su sabor fuera grato. Otro de los presentes terció en la conversación opinando que estaba totalmente de acuerdo con aquel juicio.
En eso, el camarero le preguntó qué iba a tomar. El hombre contestó que un cubalibre con hielo y una cascarita de limón. Al oír aquello, no pude menos que asombrarme y plantearle a mi circunstancial compañero de barra la siguiente cuestión: si el cubalibre contiene coca cola, cómo era que él pedía esa combinación. El buen hombre se sonrió y soltó lo siguiente: "el alcohol lo mata todo".

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