jueves, 19 de octubre de 2017 16:49
Opinión

Morir a destiempo

Lilia Cisneros Luján
Lilia Cisneros Luján
Periodista Mexicana

Morir es un acto natural de la vida. Dependiendo de las prácticas culturales a los fallecidos se les sepulta o incinera y en menor proporción puede haber embalsamamiento o congelación del cadáver. Dado que el fallecimiento es parte de un ciclo, sobre todo para los parientes es importante conocer el destino final de aquel a quien amaron o simplemente formó parte de su existir. Terminar en una tumba común o clandestina es quizá lo que menos deseamos para nosotros o nuestros seres queridos.

Morir es un acto natural de la vida. Dependiendo de las prácticas culturales a los fallecidos se les sepulta o incinera y en menor proporción puede haber embalsamamiento o congelación del cadáver. Dado que el fallecimiento es parte de un ciclo, sobre todo para los parientes es importante conocer el destino final de aquel a quien amaron o simplemente formó parte de su existir. Terminar en una tumba común o clandestina es quizá lo que menos deseamos para nosotros o nuestros seres queridos.


Aun quienes se postulan como "orgullosamente ateos", esperan tener un espacio ?grande y notorio o tan breve como una urna de cenizas- a donde lo mortal se conserve. Son muy interesantes los diversos ritos relacionados con la disposición final del cadáver e incluso hay normas para evitar un trato indigno al despojo de nuestro cuerpo ¿A dónde acuden las madres y familiares de hijos que se fueron buscando mejor destino? ¿Porque angustia tanto el no haber rescatado los cuerpos de los fallecidos en la mina Pasta de Conchos? ¿Qué es lo que se quiebra en la realidad de los aun vivos cuando los ausentes pudieran yacer en una tumba clandestina de Iguala o San Fernando, una oquedad en el desierto, el condado de Brooks o el camposanto de Falfurrias?


La muerte parece ser el signo distintivo de algunos tiempos. Ayer se recordaron las miles de ausencias provocadas por el cáncer, en otros tiempos fue la peste, más atrás la lepra y en el miedo del mundo actual está la amenaza del Ébola con una intensidad mayor que el H1N1 o el SIDA. ¿Qué nos pasa? ¿Por qué gastamos tantos recursos en investigación de fármacos que prolonguen la existencia y al mismo tiempo presionamos para legitimar la eutanasia?


Frente a la muerte afloran infinidad de emociones ¿Conoce casos de familiares que prolongan la agonía de algún cercano solo para seguir cobrando una pensión? ¿Que se le remueve cuando visita a un enfermo cuya casa ha sido saqueada por enfermeras, cuidadoras y sobrinos? ¿Cuántas personas viven abrumadas por la culpa derivada de haber obstaculizado un tratamiento oportuno ?de cáncer por ejemplo- previsión importante para evitar la muerte a destiempo de la esposa, madre o hija?


El común denominador de estas muertes parece ser el poco valor que se da a la vida, tanto la material como la trascendente. ¿Quién lleva el censo de los muertos en conflictos bélicos de Asia, África o las zonas depauperadas del mundo? ¿Justifica la bestialidad que a las personas -convertidas en números por la magia de la estadística- se les reduzca a objeto de estudios forenses? ¿Quién estará dispuesto a poner por encima de las pingües ganancias de las farmacéuticas el derecho humano a vivir con dignidad? ¿Se escuchará a quienes denuncian a los fabricantes de armas utilizadas lo mismo por sicarios, militares o "iluminados" de quien sabe cuantas "guerras santas"?


En un mundo agobiado por la mayor importancia dado al negocio que a la vida, proliferan fundaciones, escuelas de medicina ?Universidad de Baylor e Indianápolis por ejemplo- asociadas con funerarias que como en el caso de Texas dan "sepultura" a cuerpos de "desconocidos" y le pasan al condado o algún otro, facturas promedio de 1000 a 2000 dólares por cada cadáver depositado sin mas dato que un número o una cruz de madera.


La búsqueda de estudiantes que sobrevivían en condiciones infrahumanas en una normal de Guerrero, ha destapado la macabra realidad de restos humanos tal vez pertenecientes a un hijo, una esposa o un padre secuestrado. ¿Cuántas víctimas de este delito arropado en la "discreción forzada" denominada cifra negra, ya habían localizado a su familiar en las cercanías? ¿Por qué la autoridad no revisa de manera sistemática estos barrancos y parajes, donde la población sabe que se dejan los despojos de vidas truncadas? ¿Será la omisión un camino para tranquilizar la conciencia?


Por la abundancia de información enfocada a la felicidad aunada a lo material ?poseer coches, casas, aviones, ropa, posibilidades de vacacionar etc.- hemos llegado al infierno de una humanidad incapaz de saciarse. Los que aun practicamos valores fundamentales vemos con preocupación que también los postulados conservados en estructuras religiosas o filosóficas ?imperfectas como todo lo humano- se están convirtiendo en producto. Cada vez y con mayor frecuencia escuchamos de divisiones de iglesias porque algún grupo ambicioso se quiere hacer del control de bienes y productos logrados por los fundadores. Igual sabemos de "falsas doctrinas" enfocadas a ofrecer una trascendencia buscada como forma de reconciliarse con el creador; aunque desdibujada entre pastores festivos, curas pederastas y guías espirituales ofertando reencarnaciones a cuyo estado superior se puede llegar Fast track mediante el pago, ya no de indulgencias sino de colegiaturas perennes a cursos de sanación, meditación y trascendencia. Durante el tiempo que ocupé para escribir estas reflexiones miles de hombres y mujeres encontraron el fin de sus vidas en el planeta. Algunos porque ya era su hora; pero muchos mas a destiempo, como resultado de un mundo convulsionado en donde deambula una humanidad perdida.

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