sábado, 16 de diciembre de 2017 11:56
Opinión

VETOS Y PAVOS

Joan Ferran
Joan Ferran

Les avanzo, para que nadie se lleve a engaño, que me gustaría ver instalado en la Moncloa un Ejecutivo de izquierdas o, en su defecto, otro de centro izquierda. Un gobierno que inspirándose en lo que parece imposible, hiciera realidad lo posible. Un gobierno empeñado en derramar bienestar, seguridad y felicidad entre la ciudadanía. En España el cambio es tan necesario como urgente, conviene por higiene democrática. Pero más allá de los buenos propósitos de algunos sospecho que vamos a vivir situaciones complejas no exentas de estridencias. Aflorarán suspicacias y miserias personales. La esgrima fina puede acabar a mandoblazos y hará falta buen talante y paciencia. Seguro.


No me gustan los vetos, la prepotencia ni el reparto de prebendas a priori. Insisto, me agradaría un gobierno de izquierdas pero temo por él. Algunos individuos, altaneros y desafiantes, viven mejor instalados a la contra que buscando soluciones. Cuando Iglesias veta a Ciudadanos, aduciendo que son una gente deleznable, quiero pensar que hace teatro.


He seguido atentamente la evolución discursiva de los correligionarios del Pablo Iglesias del siglo XXI. Observo que no han tenido ningún reparo en rebajar sus filias revolucionaristas para recalar en tesis socialdemócratas edulcoradas.

Tampoco se han cortado un pelo citando a Gramsci obviando sus referencias a la lucha de clases para sustituirlas por eufemismos varios. Donde el sardo veía clases sociales ellos ven, tan solo, los de arriba y los de abajo. Para Podemos las clases sociales no existen. La sociedad se reduce a una contradicción simple entre gentes y casta. Para otro día dejaremos los planteamientos organizativos de los podemitas que andan más cerca de las viejas teorías leninistas que no de los tan cacareados ‘procesos participativos’… Por todo ello, y muchas cosas más, permítanme que no comprenda –a no ser que lo que se pretenda sea forzar nuevas elecciones- las escenas de celos de Iglesias y su veto a Ciudadanos. Hay tiempo aún para el acuerdo, lo sé. De momento tan sólo hemos asistido a un par de escaramuzas, vetos y mucho postureo. Pero, créanme, el cambio vale la pena.


Nuestro país posee un gran elenco de pensadores que descansan olvidados en bibliotecas y hemerotecas. Uno de ellos es Fernando Tarrida de Mármol, un ingeniero, escritor, filósofo y pensador anarquista del siglo pasado, que nos dejó infinidad de escritos y reflexiones que vienen al caso. Decía Tarrida de Mármol: “Los mayores enemigos del pueblo son los políticos salidos de su seno que convierten en plumas de pavo real los sufrimientos de los trabajadores”.


Menos pavos reales, pues. No es tiempo de postureos ni de vetos a granel. Este país anhela cambios.

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