lunes, 18 de diciembre de 2017 15:23
Opinión

BUKOWINA Y WILSON

Miquel Escudero
Miquel Escudero

¿Quién se acuerda de Bukowina? Un territorio que fue del Imperio Austrohúngaro y que al acabar la Primera Guerra Mundial se unió a la nueva Rumania. Tras la Segunda Guerra Mundial, quedó fraccionado entre Rumania y la URSS. Su suerte no puede entenderse sin el desarrollo de la lista de 14 puntos que el presidente Wilson propuso en el Congreso de los Estados Unidos, el 8 de enero de 1918, para acabar la guerra y obtener un tratado de paz alternativo al diseñado por Trotski. 


Se perseguía constituir estados nacionales 'propios' para las múltiples nacionalidades del extinto Imperio Austrohúngaro, y garantizar de este modo que en el futuro no hubiera más guerras. Pero fue un fracaso en toda regla. Se generaron muchos más problemas. Se reinventaron fronteras y la población apenas se movió; con la Segunda Guerra (1939-1945), por el contrario, las fronteras se tocaron poco y los traslados de población fueron grandes.


La Secesion de Espaa

Joseba Arregi, un sabio apasionado, coordinó hace tres años La secesión de España (Tecnos), libro en el que contribuyó además con una excelente exposición de lo acaecido entre las dos grandes guerras, y sin cuyo conocimiento no se puede entender nada de lo que vendría después, y pervive hoy con malestar. Es de extrema gravedad que se obtuviera justo lo contrario de lo pretendido. 


La garantía de los derechos y libertades de las minorías no dependieron de ningún derecho de autodeterminación, la aplicación de la doctrina Wilson sólo propició la homogeneización de los espacios minoritarios en función de la mayoría lingüística y cultural, creando nuevas situaciones de falta de respeto a nuevas minorías en nuevos espacios.


"Nuevos estados multiétnicos -supuestamente la causa de la guerra- por un lado, y poblaciones étnicas fuera de su territorio estatal es la consecuencia de la aplicación del principio de autodeterminación wilsoniano, además de haber sido negado este mismo principio a los rutenos y a los habitantes de Silesia, por ejemplo. A estas dos consecuencias hay que añadir la pervivencia del sueño de pertenecer a una única nación y a un único estado de estas poblaciones que quedan bajo la soberanía de estados extranjeros". 


¿Quién se acuerda hoy de Rutenia-Bukowina o de que Checoslovaquia hiciera caso omiso de la voluntad mayoritaria de los habitantes alemanes de Silesia?


Artículo publicado originalmente en CatalunyaPress.

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