domingo, 19 de noviembre de 2017 02:02
Editorial

EL GOLPE DE ESTADO HACE TIEMPO QUE LO HAN DADO LOS DIRIGENTES INDEPENDENTISTAS

Carmen P. Flores
Carmen P. Flores
Directora de Pressdigital

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Carles Puigdemont y Carme Forcadell; secretismo en el Parlament


Ahora, cuando el gobierno que preside Mariano Rajoy se ha tomado en serio la desobediencia del gobierno catalán y de una parte del Parlament y ha decidido aplicar el artículo 155 de la Constitución española, dicen los afectados, y sus palmeros que estos es un golpe de Estado a la democracia. Los que realmente han llevado a cabo el golpe de Estado han sido ellos. Ahora sí que utilizan la democracia y la Constitución. ¿En qué quedamos? ¿O solo sirven su democracia, sus leyes aprobadas pasándose la Constitución y el Estatut por la entrepierna?


Estaban tan crecidos los actores del proceso al comprobar que tras cada paso que han ido dando no sucedía nada. ¡Esto era Jauja! Habrían prensado que Rajoy no se atrevería a tomar la decisión del 155. Pero cuando alguien se cree por encima de las leyes, cuando hay provocación tras provocación, cuando se ha generado fractura social, cuando se ha creado preocupación en las empresas, cuando los medios de comunicación públicos solo sirven de altavoces al ideario independentista y no funciona para toda la ciudadanía, algo tenía que hacer el Estado de Derecho: hacer cumplir las leyes que los golpistas juraron o prometieron cumplir y hacer cumplir.


Puigdemont evoca constantemente al Estado de Derecho, cuando se lo está saltando sistemáticamente. Habrá que recordarle que el Estado de Derecho debe cumplir una serie de normas, entre ellas una muy clara: “La ley debe ser el mandato fundamental: todos los ciudadanos, incluso quienes gobiernen deben someterse a las leyes y ser juzgados en igualdad de condiciones y no se harán excepciones a ningún individuo, por alto que sea el cargo que posea”. ¿Queda claro?


Forcadell afirma que con la declaración del 155 se atenta a los derechos del Parlament y sus diputados. Se olvida que ella no respetó ni a los letrados del Parlament ni a la mitad de los diputados de ese parlamento del que ella es presidenta. ¿O acaso se ha quedado sin memoria? ¿Solo valen las leyes que puede manipular, aunque sean ilegales? Su actitud en las sesiones de los pasados días 6 y 7 fue la de una presidenta partidista y autoritaria, sin ningún respeto a los derechos de los diputados que estaban en contra. La responsabilidad y ser consecuente con sus actos no entran dentro de su “democracia” tan particular.


La lucha dialéctica debe dirimirse en el Congreso de los Diputados, en el Senado, en los parlamentos autonómicos, en las instituciones europeas y en los tribunales de justicia. Eso es lo que deberían haber hecho los electos y los gobernantes de Catalunya, pero no ha sido así. Su mantra, siempre el mismo: No hay democracia, no hay dialogo. Eso es un insulto a todos los que han vivido las represalias de la dictadura del general Franco, en la que este país ha vivido demasiados años. Eso sí era una dictadura.


Hablar de presos políticos, caso de los dos Jordis, es otro mantra. No están en prisión por sus ideas, están por saltarse las leyes, no engañen. Desde que está instaurada la democracia, solo han estado en prisión, por sus ideas, los golpistas del 23-F. El Estado de Derecho, la Democracia, entre otras muchas cosas, garantiza que nadie vaya a la cárcel por sus ideas.


Las manifestaciones de los independentistas están comportando molestias al resto de ciudadanos que ven como sus derechos son vulnerables y, amén de los gastos que supone y que pagamos entre todos, no hay que olvidarlo.


“Los derechos de unos acaban donde empiezan los de los otros”. ¿O es que el resto de la ciudadanía solo tiene obligaciones? Se está comprobando que sí, lo mismo que hay un gobierno que solo representa a una parte de los catalanes pero que se otorga la potestad de hablar en nombre de todos.

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