El Banco de España prevé que la guerra de Irán incrementará la deuda de los hogares hasta un 65% en 2028
El organismo Banco de España estima que el endeudamiento de las familias en España se mantendrá en torno al 65% de su renta en 2028 en un escenario adverso marcado por la tensión en Oriente Próximo y la evolución de los tipos de interés
El organismo Banco de España prevé que el endeudamiento de las familias españolas se sitúe en torno al 65% de su renta en 2028 en un escenario adverso marcado por la tensión geopolítica en Oriente Próximo, el comportamiento del crédito y la evolución de los tipos de interés.
El mapa financiero de los hogares españoles se mantiene en una zona de relativa estabilidad tras años de ajuste, aunque las proyecciones del supervisor central introducen un matiz de incertidumbre ligado a factores internacionales, a la evolución del crédito y a la capacidad de las familias para sostener su nivel de ingresos en un entorno de costes cambiantes.
Un escenario condicionado por la incertidumbre internacional
El análisis del organismo monetario dibuja dos trayectorias principales para la deuda familiar en los próximos años. En el escenario más adverso, marcado por las tensiones en Oriente Próximo y sus efectos sobre la economía global, la deuda de los hogares alcanzaría el 65,5% de la renta bruta disponible en 2028.
Este comportamiento se explica, según el informe, por una combinación de factores: el encarecimiento de los tipos de interés, la ralentización del crédito y una moderación del crecimiento económico que reduce el dinamismo del endeudamiento.
En el escenario base, más favorable, la ratio se situaría en el 68,5%, lo que refleja una senda de estabilidad sin grandes sobresaltos en la estructura financiera de las familias.
Un presente de equilibrio relativo
En el cierre del ejercicio 2025, el endeudamiento de los hogares españoles se sitúa en el 68,1% de su renta disponible. Este nivel, según el supervisor, se mantiene en valores próximos a los mínimos registrados desde comienzos del año 2000, lo que supone un punto de equilibrio tras el fuerte proceso de desapalancamiento de la última década.
Además, la comparación internacional refuerza esta posición: la media de la eurozona se sitúa en el 82,3%, lo que coloca a España por debajo del entorno europeo en términos de deuda relativa de los hogares.
El informe subraya un elemento clave: el aumento del saldo de deuda ha sido compensado en gran medida por el crecimiento de la renta, lo que ha evitado un deterioro significativo de la ratio global.
El coste del dinero y su impacto en las familias
Uno de los indicadores más sensibles para los hogares es la carga por intereses. En 2025, este esfuerzo se reduce ligeramente hasta el 2,3% de la renta, gracias a una cierta moderación de los costes financieros.
Sin embargo, las proyecciones apuntan a un cambio de tendencia. En el escenario base, la carga por intereses podría elevarse hasta el 2,9%, mientras que en el escenario adverso alcanzaría el 3,3% en 2028.
Este incremento estaría directamente vinculado a un posible endurecimiento de la política monetaria y a un encarecimiento de la financiación, lo que afectaría de forma directa a hipotecas, préstamos al consumo y nuevas operaciones de crédito.
Riqueza en aumento, pero con ritmos desiguales
El análisis del supervisor también recoge una evolución positiva de la riqueza de los hogares. A finales de 2025, la riqueza bruta aumenta un 8,6% en términos interanuales, impulsada principalmente por la revalorización de los activos inmobiliarios y, en menor medida, por los activos financieros.
En paralelo, la renta de las familias continúa creciendo, aunque pierde intensidad respecto a la primera mitad del año. El crecimiento nominal se sitúa en el 4,8% interanual, lo que supone una desaceleración de 0,8 puntos.
Si se ajusta por inflación y crecimiento poblacional, el avance real de la renta se reduce al 0,6%, lo que refleja una pérdida de impulso del poder adquisitivo.
Consumo resistente y ahorro elevado
Pese a este contexto de moderación, el consumo privado mantiene un comportamiento dinámico. En la segunda mitad de 2025 crece un 3,1% en términos reales, impulsado por la evolución del empleo, el aumento de la riqueza y una cierta expansión del crédito al consumo.
No obstante, este ritmo es algo inferior al del semestre anterior, cuando el crecimiento alcanzaba el 3,6%. Aun así, el supervisor interpreta esta evolución como una señal de resistencia del gasto de los hogares.
En paralelo, la tasa de ahorro se mantiene estable en el 12%, un nivel que el organismo considera históricamente elevado. Este dato refleja la persistencia de un comportamiento prudente por parte de las familias, que siguen destinando una parte significativa de su renta a ahorro.
Desigualdades patrimoniales y acceso a la vivienda
El informe introduce también un análisis estructural sobre la distribución de la riqueza. Los hogares con menor patrimonio han reducido el peso de los activos inmobiliarios en su balance, sustituyéndolos en parte por activos más líquidos como depósitos bancarios.
En el extremo opuesto, los hogares situados en el quintil superior de riqueza concentran cerca del 70% del total y han incrementado su exposición a activos inmobiliarios residenciales.
Este comportamiento se interpreta como una señal de dificultades de acceso a la vivienda en propiedad, un fenómeno con implicaciones económicas y sociales de largo recorrido.
Una fotografía de estabilidad con tensiones latentes
El conjunto del informe dibuja una economía doméstica que combina estabilidad en los niveles de deuda con tensiones potenciales derivadas del entorno internacional, la evolución de los tipos de interés y las desigualdades patrimoniales.
El organismo central insiste en que la trayectoria futura dependerá del equilibrio entre crecimiento económico, política monetaria y estabilidad global, tres factores que determinarán la capacidad de los hogares para mantener su posición financiera en los próximos años.

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