lunes, 5 de enero de 2026 04:29
Opinión

EE.UU. detiene a Maduro y Trump se queda con el petróleo

Carmen P. Flores
Carmen P. Flores
Directora de Pressdigital

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Al final, Trump cumplió su promesa (no siempre lo hace), atacando bases militares y centros estratégicos en Caracas y deteniendo a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, y a su esposa, Cilia Flores. Todo se hizo en una operación rápida, realizada por fuerzas especiales estadounidenses.

 

Todo se hizo en una operación rápida, realizada por fuerzas especiales estadounidenses. Maduro y su esposa fueron trasladados en un helicóptero hasta un barco, en el que posteriormente los llevarían a EEUU para ser juzgados por tráfico de drogas, entre otros delitos. La intervención ha sido criticada por líderes de “casi todo el mundo” porque Trump se ha pasado el derecho internacional por donde suele pasarse siempre las cosas. Lo hace con impunidad, sabiéndose el amo del mundo, creyendo que nadie le va a parar los pies. Cosa que, por otro lado, es bien cierta.
Teóricamente no se ha producido derramamiento de sangre en la operación (seguro que no ha sido así) y llama la atención que el ejército de Maduro ni tenía idea ni ha actuado repeliendo la acción. ¿Por qué será? Lo cierto es que Maduro ha sido fotografiado detenido, con las manos enlazadas con bridas (no debían tener esposas), con los ojos tapados y sin gesto desafiante. Es la foto que quería Trump para enseñar al mundo que el “chulo” de Maduro ha sido detenido y así la ha publicado en su cuenta de X, minutos antes de la rueda de prensa que ha realizado desde su residencia de Miami, no desde la Casa Blanca, como debería. Es que para el presidente Trump el respeto a las instituciones le tiene sin cuidado: hace y deshace como le viene en gana y nadie le puede toser; lo único que hacen los líderes son comunicados rechazando sus acciones. En la práctica, hace y hará lo que quiera hasta que los demócratas le paren los pies, la justicia le juzgue y Europa le plante cara de verdad.


La rueda de prensa, de una hora de duración, mostró al presidente acompañado por los tres protagonistas de la operación: el secretario de Defensa, Pete Hegseth; el secretario de Estado, Marco Rubio; y el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto. Los tres han hablado después de la explicación dada por el presidente. La intervención del inquilino de la Casa Blanca ha sido una exposición de las que alucinas. Estados Unidos es el mejor país del mundo. Su ejército, lo mismo, y han intervenido en Venezuela para sacar a un dictador y quedarse con la explotación de su gran ambición: el petróleo. Para ello ya tiene dispuestas a las grandes petroleras de su país (alguna ganancia tendrán sus empresas, gratis no hace nada) para que arreglen las infraestructuras de los pozos de petróleo, que están muy mal, y EEUU venderá el petróleo a otros países. Eso sí, enfatizó cuando dijo que los beneficiarios serán los ciudadanos de ese país, al que piensa gobernar un tiempo hasta que se pueda producir “una transición”. Mientras eso ocurra, la tutela ¿nada más? será de sus tres espadachines: Pete Hegseth, Marco Rubio y el general Dan Caine. Y, para disimular, contará con algunos venezolanos. Seguro que una de ellas es Delcy Rodríguez, la vicepresidenta actual (ahora presidenta en funciones), mano derecha de Maduro y de quien le pague mejor. Delcy, una figura oscura y peligrosa, ya se ha puesto a disposición de EEUU para gobernar el país. Creo que este personaje ha jugado un papel importante en esta operación de EEUU. Delcy tiene doble o triple cara. Mientras se ponía a disposición del gobierno de Trump, la televisión pública (no hay otra) emitía un vídeo de ella denunciando la actuación norteamericana. Pero Trump, que eso de tener mano izquierda no va con él, decía en un momento dado de la rueda de prensa que Marco Rubio había hablado con Delcy Rodríguez: “En esencia, está dispuesta a hacer lo que consideremos necesario para que Venezuela vuelva a ser grande”. Delcy es así, una buena política a quien le gustan mucho los lingotes de oro, fuera de Venezuela, claro.

 

Lo que ha sorprendido a todos ha sido cuando alguien le ha preguntado por María Corina y si sería posible que gobernara. La respuesta ha dejado helados a muchos venezolanos: “Creo que sería muy difícil para ella volver a dirigir Venezuela, no tiene el apoyo de Venezuela; es una mujer muy amable, pero no tiene el respaldo”. El problema de Trump es que no le ha perdonado a María Corina que le “quitara” el Premio Nobel al que aspiraba y se quedara sin él. Eso no lo ha perdonado, y mucho menos que una mujer se lo quitara.

 

La ciudadanía de Venezuela mira con esperanza el futuro, pero sin olvidar el recelo, más después de la rueda de prensa de Trump, que ha engordado 100 kilos con la captura de Maduro, pero especialmente porque va a controlar el petróleo, las tierras raras y algunas piedras preciosas de color verde.

 

Tanto en su discurso como en las respuestas a los periodistas, el presidente Trump ha dicho bastantes veces que EEUU es el país más grande del mundo, el mejor, y que puede hacer lo que le venga en gana. Las leyes son para que las cumplan los demás, no él. Y, para redondear más su imperialismo, ojo, que ahora va por Cuba (de donde son oriundos los padres de Marco Rubio y este tiene obsesión por ella), Colombia y Nicaragua. Después tienen en mente otros países, si antes no deja la presidencia por sus temas judiciales, que los tiene.

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