sábado, 16 de enero de 2021 12:42
Opinión

POR UNA PROSA CLARA, EFICAZ Y HONRADA

Miquel Escudero
Miquel Escudero

Vargas llosa la llamada de la tribu ep

Mario Vargas Llosa en la presentación de La llamada de la tribu (Europa Press)


En La llamada de la tribu (Alfaguara), Mario Vargas Llosa detalla su relación como lector con siete ensayistas: Adam Smith, José Ortega y Gasset, Friedrich von Hayek, Karl Popper, Raymond Aron, Isaiah Berlin y Jean-François Revel; un británico, un español, dos austríacos, dos franceses y un letón que con doce años emigró a Inglaterra. 


En estas semblanzas intelectuales, Vargas Llosa no es el ultra que algunos pretenden: distingue y recalca que el liberalismo ha generado también en su seno una ‘enfermedad infantil’: “el sectarismo, encarnado en ciertos economistas hechizados por el mercado libre como una panacea capaz de resolver todos los problemas sociales”.


Yo quisiera destacar aquí unos párrafos en torno a Ortega, de quien el premio Nobel destaca su estilo claro, plástico, inteligente, culto, al alcance de cualquier lector: “Por esta última característica de su prosa, algunos le niegan la condición de filósofo y dicen que se quedó sólo en literato o periodista. A mí me encantaría que así fuera, porque, de ser cierta la premisa en que aquel juicio excluyente se inspira, la filosofía sobraría, la literatura y el periodismo reemplazarían con creces su función”.


La claridad, dijo Ortega, es la cortesía del filósofo. Ni la filosofía, ni la cultura pueden reducirse a un ejercicio de acrobacia retórica, ni a una gimnasia narcisista. Pero se le reprocha que no fuera contundente sobre el resultado de la guerra civil y sobre la dictadura, y que guardase silencio al respecto. Ahora bien, en el haber del pensador madrileño hay que resaltar con satisfacción y gratitud su firme convicción y ejercicio de la filosofía como ayuda a vivir a los seres humanos, a encarar con lucidez el desarrollo de un mundo personal. 


Para Ortega, la filosofía –como subraya Vargas Llosa- tenía que llegar a personas no especializadas: “Este prurito obsesionante por hacerse entender de todos sus lectores es una de las lecciones más valiosas que nos ha legado, una muestra de su vocación democrática y liberal, de luminosa importancia en estos tiempos en que, cada vez más, en las distintas ramas de la cultura, se imponen, sobre el lenguaje común, las jergas o dialectos especializados y herméticos a cuya sombra, muchas veces, se esconde no la complejidad y la hondura científica, sino la prestidigitación verbosa y la trampa”. Todo esto es capital.

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