martes, 23 de octubre de 2018 21:30
Opinión

SEÑORES ROBOTS Y PLEBEYOS AUTÓMATAS

Luis Moreno
Luis Moreno

Profesor de investigación del CSIC en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos

Robot cocinero


El aeropuerto del futuro no necesita humanos. Así proclamaba la noticia publicada hace unos días sobre la progresiva automatización del aeropuerto de Changi en Singapur, el segundo de mayor tráfico en Asia y votado como el mejor del mundo por la auditoria aérea Skytrax. La información iba más allá en sus previsiones futuras hasta el punto de considerar la no muy lejana posibilidad de que los viajeros encontrasen a un solo humano en la terminal de llegadas: el policía de aduanas. Y éste actuaría sólo en el caso de que la documentación a verificar automáticamente tuviese algún problema en las máquinas de validación.


En el intercambio informativo de hoy en día este tipo de noticias siguen considerándose como de "ciencia ficción", como historias de un porvenir indeterminado que todavía no nos afecta. O que pretendemos obviar de nuestras preocupaciones cotidianas porque disturba estilos de vida encasillados en modos del pasado. Aquellos más talluditos sencillamente nos resistimos a cambiarnos el 'chip'. Se plantea como renunciar a los recursos de conducta que nos han modelado a lo largo de nuestras vidas. Y la adaptación al nuevo cambio de época se antoja siempre más liosa y complicada de acometer. Algo que, empero, es imparable y está aquí para quedarse.


Volviendo al caso del aeropuerto de Singapur, baste un dato para tomar conciencia del vértigo y proporciones de los cambios anunciados. Según la compañía de catering de vuelos SATS, se calcula que más de mil millones de personas en Asia volarán por primera vez desde hoy hasta el año 2035. Para Alex Hungate, ejecutivo de dicha compañía de suministro aéreo, la única manera de gestionar tal demanda sin necesidad de contratar más operarios será mediante un uso extensivo e intensivo de los robots y los procesos de automatización. En la actualidad SATS prepara diariamente 100.000 comidas para los vuelos del aeropuerto de Changi.


Por el momento los robots no son capaces de cocinar los platos de pollo o pescado, aunque técnicamente sería posible. Sí se encargan de completar el sistema de envasado en las bandejas que se reparten posteriormente en los aviones. Dicho trabajo de manipulación y coordinación lo llevan a cabo ahora 9 personas en vez de las 45 ocupadas hace unos meses. Sirvan estos datos como ilustración para subrayar el inescapable proceso de transformación que ya están experimentando nuestros mercados laborales.


Sin embargo, se argumenta que la pérdida de empleos por la progresiva, automatización, digitalización y robotización de nuestras sociedades se verá compensada por la creación de nuevas ocupaciones por lo que, al final, el resultado será de suma cero. Es decir que nos quedaremos comidos por servicios. Tal aseveración está siendo falsada por los continuos cambios en la estructura y segmentación de los mercados laborales estatales, sujetos además a una influencia creciente de la globalización económica y financiera.


Recordemos que, ya en 2013, un estudio de Carl Benedikt Frey y Michael A. Osborne examinaba, mediante métodos de investigación innovadores, las características de más de 700 empleos en EE UU que en el año 2010 eran susceptibles de ser automatizados y robotizados en los próximos decenios. Sus cálculos y estimaciones hablaban de que hasta un 47% de puestos de trabajos serían potencialmente sustituibles por los robots o las aplicaciones digitales, de Inteligencia Artificial o de Big data. Naturalmente los puestos de trabajo a desaparecer más rápidamente eran los de bajas cualificaciones y de salarios reducidos (los más numerosos). Solo aquellos basados en el pensamiento experto serían más demandados (los menos numerosos).


En líneas generales asistimos a la génesis y progresiva consolidación de un escenario de neofeudalismo en el que unos pocos "señores robots" podrían controlar los recursos de los nuevos "plebeyos autómatas". Entre otros efectos, los usuarios pasarían a depender de los servicios de los diseñadores de los robots y de los provistos por sus máquinas inteligentes.


Ya John Maynard Keynes aludió al fenómeno neofeudalista significando el proceso mediante el cual la distribución de la riqueza produce un mayor abismo entre ricos y pobres, y provoca una disparidad extrema entre clase alta/clase baja, empresarios/trabajadores, norte/sur o élite/masa, pongamos por caso. Cabe entender este nuevo feudalismo como un sistema en el que las corporaciones y conglomerados financieros controlan a los individuos, las culturas y los gobiernos, dejando a los nuevos "siervos de la gleba" a merced de sus intereses creados.


En línea con lo anterior, un efecto del proceso de neofeudalismo en marcha atañe a una "vieja" conquista de los trabajadores, cual es la sindicación. Según la información de 'The Guardian' la dirección de Whole Foods ha aleccionado a sus empleados para que eviten la sindicación. Como se sabe, la compra por parte de Amazon de la cadena de alimentación Whole Foods ha pretendido controlar una clientela concienciada en comer sano como criterio preferente de compra frente a los precios baratos de la comida basura. El público destinatario de tales productos orgánicos y óptimos biológicamente no es otro que las familias con niveles medios y altos de renta. Los precios a la venta de los productos de Whole Foods deberían ser no solo caros, sino desorbitados. Pero tras una drástica reducción de los precios los precios bajos por las comidas sanas se mantendrán, hasta que la competencia de los proveedores tradicionales y de menor escala haya sido neutralizada.


En la estrategia de hacer más eficiente la producción y distribución de la comida sana, los gerentes de Whole Foods + Amazon han sido instruidos para "desanimar" a los empleados a que se sindiquen, advirtiéndoles de que si lo hacen la permanencia en sus puestos de trabajo estaría al albur de imprevisibles vaivenes resultado de un sector muy competitivo. Es decir que mejor renunciar a la afiliación sindical, y naturalmente a la constitución de secciones sindicales en el seno la empresa.


En USA parece incuestionable la agudización del proceso de neofeudalismo, ahora en su vertiente laboral. En el Viejo Continente, de momento el Reino Unido es el único país que confronta procesos similares, como es el caso de la disuasión a la sindicación en Whole Foods. Sería conveniente que los asalariados, de otros países europeos, estén o no afiliados sindicalmente, sean conscientes de lo que se les anuncia: una vuelta al liberalismo manchesteriano de mitad del siglo XIX, cuando la ausencia de protección social para los trabajadores permitía que las condiciones de trabajo fuesen impuestas "libremente" por sus patronos. Y es que pese a los avances tecnológicos, parece que caminamos hacia atrás. Como los cangrejos...



Luis Moreno, Profesor de Investigación en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos (CSIC) y co-autor de “Democracias robotizadas” 

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