martes, 20 de agosto de 2019 17:24
Ciencia e investigación

​Las sustancias psicotrópicas y los alucinógenos se utilizan desde hace ya mil años

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Un equipo de arqueólogos ha descubierto una bolsa de plantas psicotrópicas y algunos artefactos que se supone que se usaron para el consumo de drogas hace unos mil años. 


El descubrimiento se realizó en una cueva de la provincia boliviana de Sur Lípez y permitió a los investigadores comprender los conocimientos en botánica de la época, así como las sustancias alucinógenas que se consumían.


Los investigadores buscaban antiguos puntos de ocupación en esa zona junto al río Sora cuando se encontraron con una tumba que habría sido saqueada en una cueva conocida como "Cueva del Chileno", donde el ambiente para la conservación de la materia orgánica se considera óptimo.


El cadáver ya no estaba en ese lugar, pero síalgo que le pertenecía: un envoltorio de cuero que incluía una serie de objetos que podrían haber sido utilizados en rituales, concluye el estudio que ahora publica la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.


Dentro del paquete había dos objetos rectangulares de madera que se utilizaban para inhalar sustancias, un tubo para aspirar, dos espátulas, una cinta textil para la cbeza, trozos de plantas secas y una pequeña bolsa hecha de tres huesos de zorro.


Después de un cuidadoso análisis del material, los expertos se dieron cuenta de que se trataba de tres plantas diferentes.


Ya sabíamos que los psicotrópicos eran importantes en las actividades espirituales y religiosas de las sociedades andinas en el centro-sur, pero no sabíamos que estas personas usaban tantos compuestos diferentes y posiblemente combinándolos entre sí", señala en un comunicado el investigador José Capriles. 


"Este es el mayor número de sustancias psicoactivas que se han encontrado en una sola zona arqueológica de América del Sur", agrega.


En la introducción del estudio, los expertos señalan que ya se conocía el consumo de sustancias como el alcohol y la cafeína por parte de los pueblos más antiguos, pero no había muchas evidencias de que también se consumían sustancias psicotrópicas.


El descubrimiento sugiere que el dueño de la bolsa tendría un conocimiento profundo de la botánica, ya que las plantas podrían causar daño a la salud e incluso matar si se consumen inadecuadamente.


"Ninguno de los compuestos psicoactivos que encontramos proviene de plantas que crecen en esta zona de los Andes, lo que indica la presencia de elaboradas redes de intercambio o el movimiento de este individuo en diversos ambientes para obtener estas plantas especiales. Este descubrimiento nos recuerda que la gente en el pasado tenía un amplio conocimiento de estas poderosas plantas y sus usos potenciales, y las buscaba por sus propiedades medicinales y psicoactivas", dice la arqueóloga Melanie Miller.


El análisis químico de estos artefactos también concluye que, en ese momento, ya existía el conocimiento necesario para elaborar la ayahuasca, una bebida psicotrópica tradicional de los pueblos de Sudamérica.


Entre las sustancias detectadas en la excavación se encuentran también la harmina, que se obtiene habitualmente de la liana Banesteriopsis caapi, y el arbusto Psychotria viridis, que contiene la dimetiltriptamina alucinógena (DMT). 


En la bolsa también se encontraron restos de cocaína y benzoilecgonina, lo que sugiere que podría haber almacenado hojas de coca, y rastros de buffotenina, otro alucinógeno que se puede producir a partir de las semillas del árbol Anadenanthera colubrina, que se inhalaría después de ser triturado en objetos de madera.


"Casi todas las plantas con las que se hace la ayahuasca son tropicales y, en cualquier caso, hubo que recorrer cientos de kilómetros para acceder a ellas", dice José Capriles, de la Universidad Estatal de Pensilvania (EE.UU.) y autor principal de la obra.


"El consumo de estos psicotrópicos nos habla de grandes redes con las que estos individuos tendrían contacto. Además del interés del ritual, el consumo de estos productos traería prestigio social, sería una señal de la capacidad de movilizarse en largas distancias y de tener la riqueza y los contactos necesarios para obtener estos productos de origen tan lejano", concluye Capriles.


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