domingo, 20 de octubre de 2019 16:00
Ciencia e investigación

​En la Primera Guerra Mundial, como ahora, trabajar horas extras no aumentó la productividad

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Hombre estresado, frustrado con su trabajo



La idea de que más horas de trabajo son sinónimo de mayor productividad ya ha sido contradicha en varias ocasiones, y algunos incluso creen que trabajar hasta las 18 o 19 horas no tiene sentido. Las consecuencias no son sólo una disminución de la productividad, sino también una mayor propensión a diversos problemas de salud. Pero, ¿siempre se ha visto de esta manera? Un estudio realizado con datos recogidos durante la Primera Guerra Mundial muestra que esto ya era una realidad en ese momento.


Durante la guerra, dice la 'BBC', Gran Bretaña necesitaba producir armas y municiones lo más rápido posible. Como la mayoría de los hombres estaban luchando en el terreno, era principalmente a las mujeres a quienes correspondía hacer este trabajo. En ese momento, en 1915, el gobierno británico decidió crear el Comité de Salud de los Trabajadores de Municiones (HMWC, por sus siglas en inglés), un grupo cuya función era supervisar las condiciones de trabajo de estos funcionarios y proporcionar información sobre las horas de trabajo que se estaban trabajando. Y las conclusiones extraídas de estos datos pueden seguir siendo útiles hoy en día.


En la rama de trabajo que el grupo analizó, sólo había un turno y cada trabajador hacía la misma tarea, y los días y horas de trabajo se comprobaban a través de los registros eléctricos de la fábrica de municiones. Primera conclusión: la producción alcanzó su punto máximo en las 40 horas de trabajo por semana. Después de estas horas, la producción cayó. En otras palabras, la productividad aumenta con las horas de trabajo, pero sólo hasta cierto punto.


"Desde un punto final (un punto que probablemente varía entre los trabajadores y entre sus tareas), una hora más de trabajo generó más resultados (o un mejor rendimiento) si el trabajador hubiera hecho 30 horas a la semana que si ya hubiera hecho 40 horas a la semana", explica a la BBC John H. Pencavel, autor de un estudio realizado en 2015 utilizando estos datos y profesor del departamento de economía de la Universidad de Stanford.


El investigador agrega que en esa época había semanas en las que se trabajaba más de 50 horas y otras en las que se llegaba a las 72 horas semanales. En esta categoría, Pencavel indica que las semanas en que la producción fue más alta no correspondieron a las semanas en que las horas de trabajo fueron más altas. Una vez más, estos datos indican que después de cierto límite, trabajar más horas no significa que la producción vaya a aumentar.


También se analizó el hecho de que, en varias ocasiones, estos fabricantes de munición trabajaron demasiados días consecutivos, sin descanso, y que esto no era beneficioso ni para los trabajadores ni para las propias fábricas. Comparando la semana anterior a un domingo laborable (que en ese momento todavía era común) y la semana siguiente, Pencavel concluyó que al trabajar sin descanso la producción semanal disminuyó entre un 13,5% y un 17%.


"En horas de trabajo entre 1915 y 1916, durante la guerra, una reducción de las horas de trabajo habría tenido poco o ningún efecto perjudicial en la producción. En las semanas sin un día de descanso, los ingresos eran un 10% más bajos que en las semanas en las que no había trabajo los domingos", revela Pencavel en su estudio.


El investigador también afirma que hay otra razón para que los empresarios se preocupen por la duración de las horas de trabajo: los empleados que trabajan durante mucho tiempo muestran signos de fatiga o estrés que no sólo reducen la productividad, sino que también "aumentan la probabilidad de errores, accidentes y enfermedades que imponen algunos costes". 


Aunque cada trabajo es diferente, los expertos indican que los resultados del exceso de trabajo no difieren mucho de lo que sucede hoy en día en varias áreas.

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