martes, 29 de septiembre de 2020 03:35
Opinión

LA REFORMA PERMANENTE

Miquel Escudero
Miquel Escudero

Casada con el político social liberal inglés Nick Clegg, la abogada Miriam González Durántez conserva su nombre y apellido propio. Natural de Olmedo, pueblo vallisoletano, es una mujer preparada, directa, clara e inteligente. Especializada en comercio internacional, fue asesora del Foreign Office británico y ha sido miembro de gabinete de dos comisarios europeos de relaciones exteriores. Se acaba de publicar su libro: ‘Devuélveme el poder’ (Península).


Cuenta que descubrió el liberalismo en el Reino Unido, a pesar del origen español de este término. Lo entiende como una actitud que ha de bañar toda la política y que pugne por situar el poder político en manos de los ciudadanos. Esto requiere la conciencia de que el poder político es delegado e implica combatir la pulsión tribal y asumir la diversidad con sus tensiones asociadas. Partiendo del derecho al desacuerdo: hay que debatir, escuchando y evitando caer en la polarización social. Para ello se debe ser pragmáticos y estar dispuestos a ceder en aspectos concretos pero no en los principios.


Cada ciudadano es un compendio de identidades y reconocerlo supone dejar atrás los nacionalismos y su ‘modelo clon’. Por esto, el liberalismo es necesario e insustituible: supone valorar al individuo como tal, con respeto. Miriam González insiste en que no pretende fomentar el individualismo, sino unir el individuo con su dimensión social. Destaca que en España llevamos a cuestas treinta años con casos regulares de corrupción en la contratación pública. No hay, dice, un organismo regulador e independiente en materia de sobornos. En cualquier caso parece insuficiente la conciencia que tenemos entre nosotros de que toda recaudación pública es dinero que nos pertenece a los ciudadanos.


La economía no puede ser gestionada al margen de la revolución tecnológica y para aumentar de veras la productividad el único modo es disponer de empresas más grandes que las actuales. Tampoco se puede ignorar que los cargos nombrados por libre designación de los partidos de turno son varios miles, en cualquiera de los niveles de las administraciones. Y que esto origina un servilismo caro e intolerable. Como dice Miriam González: “El liberalismo no es la defensa del statu quo, sino el cuestionamiento y la reforma permanente”. 

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