lunes, 3 de agosto de 2020 17:31
Politica

Feijóo derrota con solvencia a una izquierda coja

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Histórica e incontestable victoria personal de Alberto Nuñez Feijóo. Histórica porque iguala el récord de Manuel Fraga, con cuatro mayorías absolutas seguidas. Incontestable porque la izquierda gallega vuelve a fracasar en su enésimo intento de construír una alternativa creíble al PP, pese al gran resultado del Bloque.


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Los conservadores se llevaron un susto al principio de la noche electoral. La encuesta de la FORTA les daba una horquilla de entre 37 y 40 diputados. Es decir, abría la puerta de que, en el peor de los casos, una coalición de izquierdas los expulsara de San Caetano. Además, esa coalición estaría liderada no por un socialista, sino por la nacionalista Ana Pontón.


Poco tardó el susto en pasársele al PPdeG. Los primeros resultados del recuento oficial fueron espectaculares, aproximándose a los 50 escaños y muy por encima del 50% de todos los votos.


Como era de esperar, el cómputo de escaños conservador fue reduciéndose según avanzaba el recuento y llegaban los resultados de las mesas más urbanas. Con todo, con el 30% el PPdeG estaba aún estaba con 45 diputados y ya podía cantar, otra vez, victoria.


Los 42 diputados que le otorga el recuento con el 85% escrutado son producto de más del 48% de los votos. Puede ser que el PSOE le arrebate algún representante, sobre todo en Pontevedra, donde el último escaño a repartir aún se pelea en unos cientos de votos.


Con todo, Alberto Nuñez Feijóo puede sacar pecho. Aguantar 11 años en el poder sin sufrir un desgaste electoral apreciable es algo de lo que muy pocos políticos pueden presumir. El PPdeG ha vuelto funcionar como la maquinaria electoral de precisión que es, una verdadera cosechadora de votos ayudada en esta ocasión por la menor incidencia del coronavirus en Galicia respecto a la tragedia vivida en otras partes de España.


¿Usarán el coronavirus PSdeG como argumento para justificar sus malos resultados? Porque las expectativas socialistas al principio de años eran otras muy diferentes. De hecho, el PSOE venía de ganarle al PPdeG unas generales en Galicia en 2019 y de prácticamente empatarles en las siguientes, algo nunca visto.


Gonzalo Caballero empezó el año pues con legítimas expectativas de gobernar la Xunta. Al final los ciudadanos gallegos no le han otorgado ni la condición de líder de la oposición. 


Es cierto que el PSOE suma un escaño más respecto a los pasados comicios. También que su porcentaje de voto aumenta, pero muy poco, menos del 2%. Claramente insuficiente para cuestionar el liderazgo de Feijóo. Si a eso le añadimos que el BNG le ha adelantado y le aventaja en cuatro puntos porcentuales y probablemente en también cuatro escaños, Gonzalo Caballero haría bien en prepararse un argumentarios contra las críticas internas, porque es probable que las escuche pronto.


Quien no oirá ninguna voz de reproche será Ana Pontón. #AnapresidentA intentaban viralizar los militantes nacionalistas al principio de la noche, cuando la TVG se atrevía a darles opciones de liderar un gobierno de izquierdas en coalición.


Finalmente el BNG seguirá en la bancada de la oposición, pero triplicando, por lo menos, sus escaños. Es cierto que el Bloque navegaba con viento a favor hace años, pero el resultado de esta noche es, simplemente, espectacular.


Los nacionalistas se convierten en la segunda fuerza política de Galicia, algo que sólo habían logrado en aquellos tiempos en los que Xosé Manuel Beiras se medía con Manuel Fraga. El liderazgo de Pontón sale muy reforzado. Como reforzados salen la UPG, MGS y otros colectivos nacionalistas tras la travesía del desierto a la que les condenó la implosión del quintanismo , la fuga de Beiras y el temporal ímpetu de las mareas.


¿Cómo es posible perder 250.000 votos, 19 escaños y más de 15 puntos en solo 4 años? Ni intentándolo adrede parece a priori muy factible.


Pero bien, si la coalición electoral que lo consiguió ( En Marea ) acaba con el rosario de la aurora, a patadas en la asamblea y a denuncias en los juzgados eso ayuda. Si la parte más débil de la escisión, En Marea, se queda con el nombre e insiste en presentarse con otro nombre depués de tener unos resultados ridículos el año pasado, eso también contribuye. Si los socios de la parte más fuerte (Podemos Galicia, Esquerda Unida, Anova y las mareas de Santiago y A Coruña) no son capaces de ponerse de acuerdo en un candidato hasta el último minuto dando un espectáculo mediático antes, pues el desastre ya parece menos imposible.


Porque el resultado para Galicia en Común no tiene otro adjetivo que desastroso. Con más del 96% escrutado no llegan al 4% de los votos  a nivel de Galicia. En A Coruña los de Antón Gómez Reino andan por el 4,4% y si a ello pudieran sumar los votos de Marea Galeguista casi estarían en el 5% necesario para pelear por un escaño. 


Y si Galicia en Común lograse un escaño por A Coruña el PPdeG se quedaría con 40 escaños, a solo dos de perder la absoluta. 


Y si el PSdeG no hubiese pagado el pato del desgaste del coronavirus en su matriz estatal tendría más opciones.


Y si los nacionalistas que se marcharon de ANOVA y aún están en En Marea hubieran vuelto al BNG, y si Compromiso por Galicia hubiese pactado con el Bloque, el BNG podría tener aún más escaños.


Y así es la historia de la izquierda gallega. Una sucesión casi inenterrumpida de excusas, escisiones y derrotas.


Consciente de su debilidad, Feijóo se presentó como una alternativa sólida, monolítica y previsible. Una vez más, los gallegos han apostado por lo que aparenta ser más seguro; valor que, como siempre, siempre está al alza, como el nacionalismo, en tiempos de crisis, o al menos en sus comienzos.



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