jueves, 13 de agosto de 2020 22:40
Internacional

Cómo Nelson Mandela consiguió unir a una población rota

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"Buenas tardes damas y caballeros. Lamento interrumpir su sábado por la tarde. Ahora estoy en condiciones de anunciar que el Sr. Nelson Mandela será liberado de la prisión de Victor Verster el domingo 11 de febrero a eso de las 3 de la tarde”. Fue el 2 de febrero de 1990 cuando el presidente De Klerk pronunció estas palabras en su primer discurso oficial. Sudáfrica estalló de emoción ya que, en aquel momento, Nelson Mandela llevaba 27 años en la cárcel por defender los derechos de los ciudadanos negros.


Mandela


El apartheid sudafricano fue uno de los peores episodios de la historia de la humanidad. Las políticas de segregación comenzaron en 1948, cuando el Partido Nacional (PT) ganó las elecciones y llevó a cabo sus ideas de eliminar todos los derechos de la población negra del país. El partido de la oposición, el Congreso Nacional Africano (ANC), del qual formaba parte Nelson Mandela, se opuso. Pero el PT comenzó a reprimir cualquier manifestación en contra de su ideología. Los años pasaron y la tensión y la violencia aumentaron hasta el punto de que comenzó a ser insostenible para todos. El estado se vio sumergido en una crisis económica, cultural y simbólica debido a su gran inversión en defensa, el boicot internacional y la migración de parte de su población, mientras que el ANC, aunque había ganado popularidad a nivel nacional e internacional, tenía escasos recursos para derrotar al gobierno. Debido a esta incapacidad mutua para tener éxito, ambas partes se dieron cuenta de que la única forma de evitar una guerra civil era negociar. En 1986, Mandela comenzó a conversar con representantes estatales de la prisión, y en 1989 recibió la visita del presidente Botha. Algo estaba a punto de cambiar.


Ese mismo año, De Klerk, un político más reformista del Partido Nacional, se convirtió en presidente e hizo el paso decisivo: sacar a Mandela de la cárcel. El 11 de febrero de 1990, Mandela salió de la prisión de Victor Verster tomando la mano de su esposa y levantando el puño como símbolo de victoria. "Estoy aquí delante de vosotros no como un profeta sino como un humilde servidor", comenzó Mandela. El país estaba convencido de que la lucha había llegado a un momento decisivo. "Hemos esperado demasiado por nuestra libertad", afirmó. Y luego, llamó a sus compatriotas blancos para "unirse en la formación de una nueva Sudáfrica".


En ese momento, algunos de los seguidores de Mandela no entendieron sus palabras, no querían unirse a los blancos, pero Nelson Mandela hizo un gran esfuerzo para dejar en claro que el problema no era la gente blanca sino el gobierno del apartheid. “Los blancos son compañeros sudafricanos, y queremos que se sientan seguros y que apreciamos la contribución que han hecho al desarrollo de este país. Debéis recordar que la demanda en este país es por una sociedad no racial”.


Mandela



La libertad de Mandela y sus reclamos fueron un hito primordial en la transición a la democracia. En un país en el que las señales en las paredes mostraban los lugares para negros y para blancos y la ley de servicio público prohibía a los negros pisar los mejores parques y playas, el apartheid puso en las mentes de los negros la idea de que el blanco significaba bien. Pero cuando Nelson Mandela llegó al espacio político todo cambió.


Nelson Mandela y Cyril Ramaphosa, en representación del ANC, y Frederik De Klerk y Roelf Meyer, como representantes de NP, se establecieron como los jefes visibles de las negociaciones. El Inkhata Freedom Party (IFP) y el Partido Comunista Sudafricano (SACP), especialmente Joe Slovo, también tomaron una parte importante en la transición.


La transición representó una pelea en el país y estuvo marcada por un aumento de la violencia en la calle: de 1990 a 1995 las muertes aumentaron a 15.000, un número mayor que en los últimos 30 años. Eran tiempos difíciles, el Partido Nacional todavía tenía el control de los militares y tenía miedo de futuros enjuiciamientos, y el Inkatha (IFP) fue el primero en contra de cualquier negociación y respondió violentamente.


El 10 de abril de 1993 marcó un antes y un después. Chris Hani, el líder del SACP y referente de los jóvenes de los guetos, había sido asesinado. Alguien le disparó justo en frente de su casa. En los días siguientes hubo protestas masivas en las calles, incendios en edificios y robos: el caos había regresado y estaba poniendo en peligro las negociaciones. Afortunadamente, Mandela irrumpió en la televisión y pidió paz. Recordó a los jóvenes que eran "los líderes del mañana" y que no todas las personas blancas actuaban como lo había hecho el asesino. “Chris Hani ha hecho el sacrificio supremo. El mayor homenaje que podemos rendir al trabajo de su vida es asegurarnos de que ganemos la libertad para toda nuestra gente ", dijo. Y las negociaciones continuaron.


Mandela


El 18 de noviembre de 1993 se inició una Constitución provisional y se acordó formar un Consejo Ejecutivo de transición para dirigir el país hasta que se pudieran celebrar elecciones democráticas. Las ansiadas elecciones llegaron, por fin, el 27 de abril de 1994. Desde primera hora de la mañana las colas eran larguísimas y los ciudadanos negros y los blancos se mezclaban para votar juntos. Como todos los ciudadanos no pudieron votar, el gobierno decretó un segundo día de elecciones. Unos días después se confirmó que la ACN de Nelson Mandela había obtenido el 62,6% de los votos. Sudáfrica comenzaba a ser libre. El líder que abogó por la paz llegó finalmente a lo alto de la política y continuó, durante toda su vida, luchando por causas nobles.


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