jueves, 26 de noviembre de 2020 16:00
Opinión

8 DE NOVIEMBRE

Manuel Fernando González Iglesias
Manuel Fernando González Iglesias

A Coruña, 1952

Setenta y cinco años después del genocidio de 102.800 judíos holandeses, o si lo prefieren, actualizado el sustantivo, ciudadanos de los Países Bajos, la Iglesia protestante de este tan europeo país, que nos trata con tan prepotente actitud a los españolitos europeos de hoy, va a pedir públicamente perdón por calentar, yo diría que decisivamente el ambiente social durante la ocupación nazi, con un discurso imperdonablemente discriminatorio propulsado por la entonces Reina Guillermina, con resultados humanamente catastróficos e irreparables. Asesinar o hacer desaparecer a 102.800 compatriotas ha sido y sigue siendo una vergüenza histórica irreparable para los holandeses. Reconocerlo 75 años después una negligencia difícilmente explicable para las nuevas generaciones, que cuentan hoy mismo, con el partido xenófobo mas conflictivo del viejo Continente.


Ese 8 de noviembre, la Noche de los cristales rotos, es la fecha elegida por calvinistas y luteranos -- que son la práctica totalidad de los protestantes de la Holanda actual -- para decir públicamente que se equivocaron y sus pastores de almas, herederos de sus antecesores en los púlpitos, que piden perdón a unos compatriotas que ya no existen. Solo quedan unos pocos y se arrepienten mucho. A mi parecer, llega un poco tarde la súplica y lo que tienen que hacer es juzgar a los demás europeos de hoy con mejor ánimo de comprensión y no desde, por ejemplo, la prepotencia del rico que no entiende que haya dos Europas y que lo de las pateras solo es cosa de la desidia e incompetencia de españoles, italianos y griegos que no saben defender sus fronteras, especialmente la de los Países Bajos.


No sé por qué los judíos de 1938 se me parecen demasiado a los niños, mujeres, jóvenes y viejos que se ahogan cada día en el Mediterráneo en unas chalupas que unos negreros les venden a precio de oro para que puedan llegar a la Europa pandémica, pero aun rica y poderosa, en la que ganarse el sustento huyendo de una patria en guerra o de una hambruna atroz.


Patera frente a las costas de Torrevieja


Como todos sabemos, a muchos de estos protestantes arrepentidos, eso de pedir perdón por lo que hicieron los tatarabuelos les parece bien. Sin embargo, hoy la arman a través de sus políticos xenófobos cada vez que ven en televisión a una barca transportar a tierra firme a refugiados malnutridos que luego españoles, italianos, portugueses y griegos recolocan en sus centros de acogida saturados. Y lo hacen como pueden porque, por ejemplo, en los Países Bajos se ponen en posición norte, como si fueran el holandés errante, que nunca quiere que le molesten, ni que gasten sus dineros. . ¡Que se han creído estos vagos del Sur de su Europa


Pero, no se preocupen, tan buenos cristianos, dentro de 75 años, más o menos, cuando no quede ninguno de los tripulantes de Open Arms, Médicos Sin Fronteras, Cruz Roja o la buena gente de Salvamento y Socorrismo marítimo les pedirán perdón y ya podrán dormir cada noche con la tranquilidad del buen protestante. No se les aparecerá en sueños la imagen del niño kurdo Alan Kurdi varado en una playa turca un 2 de Septiembre del 2015 que todavía nos atormenta a todos seamos católicos, protestantes, judíos o musulmanes. Dios nos perdone a todos por tanta indiferencia. 


Para qué sirve el arrepentimiento, si eso nunca borra nada de lo que ha pasado. "El mejor arrepentimiento, consiste sencillamente en cambiar" (José Saramago).


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