lunes, 5 de diciembre de 2022 12:14
Editorial

LA CUBA DE LOS SIETE MIL FUSILADOS

Manuel Fernando González Iglesias
Manuel Fernando González Iglesias

A Coruña, 1952

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Dicen las ONG's que los fusilados por el régimen de Fidel Castro fueron siete mil ciudadanos. ¡Un horror! Pero los que suministran estos datos, que no son anticastristas, ignoran cuantos miles de cubanos más se quedaron por el camino en las tenebrosas cárceles castristas o en las balsas que nunca llegaron a Miami. Estos datos dicen por sí mismos más que cualquier crítica que quiera hacérsele al hombre que llenó de propaganda revolucionaria, en la que era un auténtico maestro, buena parte del siglo XX y que ha muerto decentemente en su cama en los inicios del convulso siglo XXI.


Es verdad que el revolucionario Castro le ganó una guerra al corrupto Batista en los inicios de su carrera política. Pero también lo es que durante cincuenta años ahogó la libertad de Cuba y sumió en una muy triste realidad económica a la Isla que José Martí, con la ayuda yankee, había independizado de España. En ese análisis, cabría añadir que los norteamericanos, bajo las administraciones demócratas y republicanas, padecieron el mal de la soberbia y que esta enfermedad incurable les llevó a cometer el error histórico de tratar de asfixiar a Castro y sus comandantes para obligarles a capitular y rendirles pleitesía. Al pasarse de la ralla, lo único que lograron fue una Guerra Fría atroz y el enroque total de un Régimen que hizo pagar las peores consecuencias de esta pésima decisión sobre las espaldas y el estómago de su sufrido pueblo. Dos argumentos que muchos tenemos claros desde hace muchos años y que no cambian para nada la realidad actual.


¿Y cuál es esta?, nos preguntamos todos. Pues la de un mismo régimen marxista leninista en el poder con otro Castro, peor que el anterior al frente, pero con la incógnita de que al poder en Cuba se han subido ya un par de generaciones que no han intervenido en la Revolución original y que apuntan a la hoja de ruta de un país parecido a la China actual, en el que capitalismo y comunismo conviven pacíficamente mientras, como se dice popularmente, no se toquen las narices los unos a los otros.


Sin embargo, sin que nadie lo esperara, en el horizonte ha asomado la figura temible de un nuevo presidente norteamericano ultra conservador y populista, que no tranquiliza a quienes desean una convivencia pacífica en un futuro más próximo que lejano. Si hemos de leer al pie de la letra lo que ha escrito Donald Trump hace tan solo unas horas sobre la figura de Fidel Castro, ya podemos ponernos a temblar, porque su ojeriza hacia los Castro puede traer consecuencias insuperables.


Por eso, lo mejor ahora mismo es ver, oír y sólo abrir la boca cuando los acontecimientos parezcan desbordarnos porque, en esto de las relaciones internacionales, el péndulo de la actualidad oscila a una velocidad tan vertiginosa que el ayer suena a viejo aunque el mañana aún no haya aparecido en el horizonte. Está claro, no obstante, que el 2016 pasará a la historia como aquel año en el que los humanos hemos decidido vivir peligrosamente.

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