miércoles, 28 de julio de 2021 16:35
Opinión

BARCELONA CLAMA POR LOS REFUGIADOS

Carmen P. Flores
Carmen P. Flores
Directora de Pressdigital

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Refugiados3 2 1


Dicen que las necesidades individuales están por encima de las colectivas. Una vez cubiertas estas, las personas se plantean las necesidades colectivas. No todos piensan así. Es una filosofía de vida como otra… No obstante, una cosa no impide la otra y puede hacerse en paralelo.


Demasiadas veces las televisiones nos muestran imágenes de personas que salen de sus países pobres o en guerra, que se juegan la vida en condiciones infrahumanas para encontrar una vida mejor.


¿Cuántas de ellas han pagado con su vida? Miles y miles. Mientras, el mundo civilizado y correcto no hace otra cosa que lamentarse, en el mejor de los casos. Son pocos los que dejan todo para ayudar a esas personas que lo necesitan.


Por eso, cuando el sábado miles y miles de personas se manifestaban en Barcelona para pedir que el Gobierno facilite la acogida de refugiados, empecé a creer, otra vez, que las cosas empezaban a cambiar. Una manifestación donde ningún partido lideraba el tema, sino la ciudadanía, que ha empezado a ocupar el espacio que le corresponde.


Siempre las personas han ido por delante de sus gobiernos, de las leyes y del sectarismo partidista. Es la hora de las conciencias, de la solidaridad y de la acción.


Los gobiernos, casi todos, han estado insensibles al drama que están viviendo millones de personas, ya sea por las guerras, el hambre o las dictaduras de sus países. La solidaridad debería ser no solo una palabra que invita a la ayuda, sino la primera premisa de las gentes del todo el mundo.


La UE ha estado dándole vueltas y más vueltas a su conciencia para determinar el cupo de personas que debe acoger cada país para “aliviar” el sufrimiento de los refugiados. La teoría se ha explicado muy bien, la práctica está siendo muy distinta.


En este punto, muchos países se “despistan” para no cumplir con sus obligaciones humanitarias. Esta actitud de los gobiernos puede catalogarse como de cruel, sin sentido e inhumana. Por eso, la sociedad debe actuar de conciencia de los gobiernos, pero no de Pepito el Grillo, sino de gota malaya que cada día señala estas situaciones.


Las manifestaciones, la denuncia y la implicación directa son las mejores armas para luchar contra la desidia de aquellos que no hacen las cosas bien. Las personas necesitadas no son moneda de cambio, sino seres humanos que sufren, que viven en unas pésimas condiciones y a las que hay que ayudar entre todos.


La gente anónima, los famosos, los conocidos todos, por fin, han dejado oír sus quejas y reclaman acoger a los refugiados. ¡ya era hora!


No sé quién dijo que “ayudar a los demás es como ayudarse a sí mismo". Así debería ser.

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