lunes, 11 de diciembre de 2017 16:07
Opinión

ESPERANDO AL MÍSTER MARSHALL PERICO

Sergio Fidalgo
Sergio Fidalgo

En el RCD Espanyol todo está a expensas que el nuevo Míster Marshall perico, Chen Yansheng, aparezca pasado fiestas por Barcelona para que Daniel Sánchez Llibre y sus mariachis le canten el “os recibimos chinos con alegría, olé mi madre, olé mi suegra y olé mi tía”. Será precioso y espero que en la web del club nos ofrezcan ese emotivo momento.


¡Qué gran película hubiera hecho Berlanga si hubiera conocido con más detalle las interioridades del Espanyol y, sobre todo, a Daniel Sánchez Llibre! Pero como no disfrutaremos de la gloria del séptimo arte los pericos nos hemos de conformar con la tranquilidad de una junta general de accionistas de transición.


Lo único emotivo de un cónclave sin pena ni gloria fue el ver a Joan Collet en la que, seguramente, será su última asamblea ordinaria. El último balance. Las últimas intervenciones de accionistas afeándole su gestión. Las últimas sorpresas, como que la vicepresidenta Anna Maria Fusté no firme las cuentas y se abstenga.


El Espanyol hace tantos años que navega entre una situación económica desastrosa y una realidad deportiva mediocre que buena parte de sus socios y seguidores quiere que “pase algo”. Aunque ese “algo” sea apostar a la ruleta de un inversor extranjero. El ambiente que respiré en la asamblea era una mezcla de resignación, cabreo y esperanza.


Históricos como Pablo Ornaque, luchadores desde hace años por un club moderno y en el que la gestión fuera cabal, sin dobleces sin manipulaciones, estaban enfadados. Como yo. Y con razón. Él por sus razones y yo por las mías. Ambas sinceras y desinteresadas. Pero no nos hemos dejado tanto corazón en este club para acabar en manos de un inversor extranjero.


Una junta en el que encontré a faltar a muchos compañeros de grada. Ha vendido las acciones hasta el apuntador. Pensaba aguantar hasta el final. Visto lo visto no sé lo que haré. Opto entre hundirme con el barco con mi modesto paquete accionarial en mis manos, vender a medias y conservar algunas para presumir de accionista o mandarlo todo a paseo y fundirme la pasta en una mariscada a costa de un Espanyol que ya no es el mío.



Pase lo que pase en el futuro, un abrazo a Joan Collet, un presidente todo corazón en tiempos convulsos con el que no coincidiré nunca políticamente. Su manía de llamar “Estat Espanyol” a “España” nos hace estar en las antípodas. Es lo bueno que tiene ser perico, que gente con la que nunca estaríamos en la misma nave compartimos un sentimiento y un motivo de orgullo: amar los colores blanquiazules.



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