sábado, 17 de enero de 2026 14:31

Internacional

Portugal afronta unas elecciones presidenciales históricas en un contexto de fuerte polarización política

El país luso vota en unas presidenciales extraordinariamente reñidas que podrían derivar en una segunda vuelta entre el socialista António José Seguro y el ultraderechista André Ventura, situando la gobernanza y la cohesión nacional en el centro del debate.

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Estas elecciones no solo definirán la presidencia, sino que marcarán el rumbo político de los próximos años en un contexto de creciente fragmentación, con implicaciones económicas y sociales de gran alcance.

 

Un escenario electoral sin precedentes

Portugal acude este domingo a unas elecciones presidenciales caracterizadas por una competencia extremadamente ajustada y un electorado fragmentado. Según los últimos sondeos, los favoritos son el socialista António José Seguro y el líder de Chega, André Ventura, mientras que otros candidatos de centroderecha como João Cotrim de Figueiredo y Luís Marques Mendes compiten por captar el voto indeciso.

Héctor Sánchez Margalef, investigador principal del think tank CIDOB, explica que “el caramelo es demasiado llamativo como para dejarlo pasar”, refiriéndose a la oportunidad de Seguro de recuperar la jefatura del Estado y consolidar la presencia socialista tras una década de resultados complicados.

Analistas señalan que la estrategia de ‘todos contra Ventura’ ha condicionado la campaña, con un objetivo claro: garantizar que un candidato percibido como democrático alcance la segunda vuelta y frenar el acceso directo de Chega al Palacio de Belém.

 

Ventura, un candidato sin nada que perder

André Ventura encara estas elecciones como un test de su crecimiento político, tras consolidar un ascenso meteórico en Portugal. Su retórica polarizadora y su reconocida simpatía por el dictador António de Oliveira Salazar generan dudas sobre su capacidad de atraer apoyos más allá de su base, aunque el cordón sanitario existente limita el riesgo de una victoria directa.

Según Margalef, “Creo que ha saltado al ruedo básicamente para comprobar cuál es su techo electoral porque es cierto que el crecimiento de Chega ha sido meteórico y casi único en Europa”, apuntando que Ventura utiliza estas elecciones como un ensayo con bajo coste político.

 

Voto útil y segunda vuelta

Los últimos sondeos sitúan a Seguro con un 20% y a Ventura con un 19% de intención de voto, dejando abierta la posibilidad de una segunda vuelta el 8 de febrero, un escenario que no se produce desde 1986. Los votantes indecisos, que representan aproximadamente un 15% del electorado, serán determinantes en la primera ronda y condicionarán la dinámica de la segunda vuelta.

Expertos señalan que el voto útil y el cordón sanitario podrían actuar como correctores, concentrando el apoyo democrático para limitar el acceso de la ultraderecha a la presidencia. “Quien se enfrente a Ventura no sería la primera vez que recoge votos de manera transversal (...) No me cuesta imaginar este escenario”, afirma Margalef.

 

Retos del próximo presidente

La presidencia portuguesa, aunque semipresidencial, dispone de herramientas significativas para influir en la política nacional: disolver el Parlamento, vetar leyes, fijar fechas electorales e indultar ciudadanos. La figura del próximo mandatario tendrá un papel crucial para recuperar consensos en un país cada vez más polarizado.

Margalef subraya que “el reto es evitar tentaciones autoritarias y recuperar los máximos consensos posibles, en un contexto que cada vez se parece menos al Portugal tradicionalmente poco polarizado”. Este escenario sitúa las elecciones en el centro de la política ibérica y con implicaciones económicas directas, ya que la estabilidad política influye en la confianza de los mercados y en la implementación de reformas económicas.

 

Implicaciones económicas y sociales

La elección presidencial afectará directamente la planificación económica y las políticas públicas. Un mandato de consenso podría facilitar reformas fiscales y laborales, mientras que una presidencia marcada por tensiones políticas podría frenar la inversión y generar incertidumbre. La movilización del voto útil y las alianzas transversales serán clave para mantener estabilidad institucional y confianza ciudadana.

Analistas coinciden en que, más allá del resultado, estas elecciones representan una prueba de la madurez democrática de Portugal y de la capacidad del sistema para resistir la presión de narrativas extremistas sin comprometer los fundamentos económicos y sociales del país.

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