miércoles, 8 de abril de 2020 08:31
Opinión

EN BUSCA DE BELLEZA

Miquel Escudero
Miquel Escudero

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En 1927 faltaban veinte años para que André Gide obtuviera el premio Nobel de Literatura y tenía 58 de edad, entonces emprendió un viaje al Congo Belga, hoy llamado Zaire, que duró medio año. El escritor compuso un diario, titulado 'Viaje al Congo' (Península). Tras pasear por esas páginas yo quisiera recoger trazos peculiares de su sensibilidad. Arrancaba anotando: “Una languidez indecible. Horas sin contenido ni contorno. Tras dos días de mal tiempo, el cielo vuelve a estar azul, el mar en calma y el aire templado. Una bandada de golondrinas sigue al barco”, un programa de vivencias que excedía a su adhesión en aquel entonces al comunismo. Al tercer día de la travesía decía que “nunca se acuna lo suficiente a los niños en su más tierna infancia”. Y cuando le preguntaron qué iba a buscar allí, su respuesta fue “–Espero estar allí para saberlo”.


Cazando insectos desconocidos renovaba alegrías infantiles. Pero había también la plaga de los mosquitos y sus picadas, la presencia de abejas, mariposas, camaleones minúsculos, macacos encantadores o la pequeña ardilla que se entretuvo mirándolo. Los días más interesantes, confesaba, eran aquellos en que le faltaba tiempo para tomar notas. Podía percibir un paisaje místico, cuyo encanto apenas duraba unos instantes: “Pese a mis esfuerzos intelectuales, no consigo recrear esa emoción de la sorpresa que añade una extrañeza arrebatadora al encanto del objeto. La belleza del mundo exterior sigue siendo la misma, pero he perdido la virginidad de la mirada”. Era imposible expresar la belleza de aquellos atardeceres y de aquellas noches.


“Cuanto menos inteligente es el blanco –anota-, más tonto le parece el negro”. Gide apunta que la mayoría de los defectos que se les reprocha a los criados de aquellas tierras se debían sobre todo a la manera en que se los trataba y se les hablaba. Él veía gente risueña, incluso entre lisiados y enfermos. Admiraba la belleza de sus miradas, el tono conmovido de voz, la dignidad del porte, la noble elegancia de sus gestos.


¿Qué enseñanza principal extrajo André Gide de aquel viaje? Dijo que fue la idea de la diferenciación, de la que dependen a la vez lo exquisito y lo raro. Podría haber dicho la belleza que sobrevive a la explotación del hombre por el hombre.



Artículo original publicado en catalunyapress.es 

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