La historia es terca y desgraciadamente, se repite de formas inexorables. Seguramente, hoy es un buen día para revisar las hemerotecas. Desempolvar viejos periódicos y escrutar en el pasado intentando aprender de las experiencias ya vividas. España no es Grecia y la sociedad española que malvivía en1931 en este país nuestro no es, ni mucho menos, la del 2011. Pero, ¿por qué será, que a algunos, se nos ha dado por mirar los titulares de aquellos años de esperanza y democracia popular, en los que la mayoría de “los españolitos que vienen al mundo los guarde Dios” votaron a sus candidatos del pueblo y sacaron a una vieja y vetusta Monarquía del poder?.
Recordemos: El 12 de Abril de 1931 el Heraldo de Madrid publicaba un titular, que, en aquellos tiempos, en que la informática no existía, decía lo siguiente: “El gran plebiscito de ayer España votó por la República”. El periódico anteponía la palabra “plebiscito”, que a los catalanes de hoy les debe sonar muy familiar, a unas elecciones municipales en las que las izquierdas ganaban en las urnas y el Antiguo Régimen, que como en Grecia había apoyado claramente a los “otros candidatos”, sus candidatos, y enseñaba al mundo la desafección que la población española sentía por sus métodos y sobre todo, por su forma de gestionar el país, al que ataba corto con la miseria, el hambre y sobre todo al ejército...
En la misma portada se hablaba de que “en casi todas las capitales de provincia y en gran cantidad de pueblos, los candidatos republicanos socialistas triunfaron plenamente”. El periodista, para más inri destacaba de que en Barcelona los ganadores habían cuadriplicado los votos de sus adversarios. Las consecuencias del resultado de toda esta felicidad democrática, lo comprobamos pocos años después, con una Europa dormida en sus fronteras nacionales, que permitió y hasta propició, una guerra civil y luego se entregó a una confrontación universal atroz y despiadada. La ceguera de sus gobernantes acabó causando millones de muertos y una Europa nueva.
A mí, que los griegos voten y hagan lo que democráticamente más les conviene, rebelándose contra su pobreza y estado de postergación me parece un hecho extraordinario. Lo que realmente me preocupa, es el estado de ánimo de los dueños del dinero, a los que veo con muchos ánimos, no, de enviar tanques ni ejércitos, a tomar Grecia, que ya no están los tiempos para esas cosas, pero si con el deseo irrefrenable de asfixiar definitivamente al pueblo griego con unas medidas atroces que posterguen definamente su economía y conviertan la actual miseria en hambre y desolación para varias generaciones.
Y como, para hacer estas cosas, no necesitan pegar un tiro, sino cerrar los créditos y echarles de Europa, algo que pueden hacer casi impunemente, es por lo que hoy me viene a la memoria nuestra propia tragedia de la que no nos hemos recuperado casi 80 años después. Ya sé, que mis palabras le sonaran a las de un mal agorero. Pero, a mi edad, uno desconfía del dinero y de los poderosos resortes que lo defienden. Ojalá, este temor sea infundado, y que la alegría que sentimos la mayoría de la gente de bien en Europa sirva para frenar la tentación de gobernantes como Angela Merkel, Schultz , Draghi, Christine Lagarde o el mismísimo Rajoy quien, por cierto, en asuntos griegos, se ha comportado como un auténtico “cenizo”. Pero, mucho me temo, que éstos y todos los que figuran en los Consejos de administración de los terribles Fondos de Inversión o en la lista Forbes, no están para sensibilidades democráticas, sinó para quintuplicar sus ganancias especuladoras, recuperando un dinero que, por lo que se ve, solo sirve para asfixiar países enteros. Tout pour le peuple, rien par le peuple. Decían los del Despotismo ilustrado. ¿Seguirá vigente la maldita frase?.
Manuel Fernando González
Editor

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