domingo, 26 de enero de 2020 08:49
Editorial

PAREMOS DE UNA PUÑETERA VEZ

Manuel Fernando González Iglesias
Manuel Fernando González Iglesias

A Coruña, 1952

EntradaTribuanl 1


Nadie sabe cómo va acabar esta maldita pelea a la que estamos asistiendo en esta Catalunya que tanto queremos y que tanto nos duele. Y al decir NOS, me refiero a todos los que pensamos igual o diferente sobre el tedioso "procés" que nos ha colocado enfrente a unos de los otros. Ahora hay un juicio, luego vendrá una sentencia, y luego otro juicio, y más tarde otro veredicto, y así hasta que lleguemos a las manos y convirtamos el paraíso del que tanto presumíamos en un lodazal maloliente o incluso en algo peor.


Pero ¿qué podemos hacer los que no queremos que nada pase, para arreglar la situación? Me temo que poco, salvo que ocurra un milagro o definitivamente una parte doblegue la voluntad de la otra que se le opone férreamente.


Lo cierto es que en una guerra civil nunca gana nadie. Pasan los años, nacen las nuevas generaciones, y ninguno se olvida lo que le pasó a los padres , a los hermanos, o a los abuelos. Aun hoy, que han transcurrido 80 años desde que comenzó la contienda fratricida del 18 de julio, en la que ganaron los azules y perdieron los rojos, ninguno de sus descendientes ha podido enterrar el pasado y todavía las cunetas son tumbas ignominiosas de matanzas inútiles.


Es terrible ver lo que pasa en Catalunya y pensar que sobre nosotros ha caído la peor desgracia que le puede suceder a un pueblo: la división. Es un mal tan destructor, que acaba primero con los mas jóvenes, luego con todos aquellos que deciden vengarlos y más tarde con toda una sociedad que vivirá siempre carcomida por el odio y la sed de venganza.


Vds. pensarán que no es para tanto y que exagero. Pero la historia nos ha enseñado que las peores guerras son las llamadas civiles. Dicen que comienzan en nombre de la patria, y acaban enfrentando a hermanos contra hermanos, padres con hijos, y vecinos contra vecinos. Y si ahora, según dicen, por lo que estamos peleándonos es por una guerra de la independencia, yo no conozco ninguna en la que el ganador no haya perdido tanta gente como el perdedor, ni tampoco que la victoria haya excluido el uso de la violencia.


Paremos de una puñetera vez, aun estamos a tiempo. Echemos a los políticos que nos han llevado a esta situación. Podemos hacerlo. Volvamos a las urnas y pongámonos de acuerdo, de un lado y del otro, para expulsar de nuestras vidas a todos aquellos que, en nombre de la patria o de la legalidad vigente, tan solo defienden el poder que ostentan o el de los grupos de poder a los que representan. Ni a los unos ni a los otros les importamos nada, y al final los que perdemos siempre somos los mismos: la gente que se levanta cada día a trabajar, o a buscar trabajo.


Si lo que estamos viendo no nos llama la atención, es que nos merecemos lo que se nos viene encima que, desde luego, nos dividirá como pueblo durante muchos, demasiados años sin que alguien nos garantice que nuevas generaciones no vuelvan a cometer el mismo error.

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