miércoles, 23 de octubre de 2019 20:11
Opinión

¡VIENEN LOS EXTRATERRESTRES!

Ángel Piñeiro
Ángel Piñeiro

Nacido en Santiago de Compostela en 1973. Realizó su licenciatura en Física y su doctorado en Física Aplicada en la Universidad Compostelana. Fue Profesor Asociado durante 6 años en la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México. Realizó un postdoctorado en la Universidad de Groningen y fue investigador visitante en la Universidad de Southampton y en el Instituto Laue-Langevin (Grenoble). Es autor de numerosas publicaciones internacionales dedicadas principalmente al desarrollo de modelos y simulación computacional de interacciones entre moléculas. Es también socio fundador de las spin-off de la USC “Sofware 4 Science Developments S. L.” y “MDUSe Innovations S.L.”. Actualmente es Profesor del Departamento de Física Aplicada de la USC y colabora activamente con las spin-off de las cuales es promotor. Aficionado a las nuevas tecnologías, a la ciencia ficción y al running.

Espacioextraterrestres


Supongamos que mañana llegan a nuestro planeta unos seres mucho más avanzados tecnológicamente que nosotros. Supongamos además que son pacíficos, altruistas, confiados y tienen voluntad de compartir con nosotros su conocimiento. ¿Cuál sería nuestra reacción?


Es seguro que un hecho así tendría consecuencias importantes en muy diferentes ámbitos: político, científico, tecnológico, industrial, económico, religioso, social... Probablemente habría una fuerte competencia entre países, partidos políticos y personas por posicionarse en la comunicación con nuestros visitantes, tratando de adquirir y aprovechar el nuevo conocimiento antes que los demás. 


No sería sorprendente que estos visitantes dispusiesen de tecnologías que a nosotros nos parecerían mágicas y que hasta violasen leyes de la física que hoy en día consideramos sólidas. Supongamos ahora que nos trasladamos a la época en la que los que hoy están en edad de jubilación eran adolescentes y que quienes les visitan son sus nietos, los adolescentes de hoy, con la tecnología actual: pequeñas pantallas de 5 pulgadas con conexión a internet que permiten sacar fotos y vídeos en alta resolución, visualizar cualquier parte del mundo utilizando google maps, visitar museos y parques con fotos y vídeos en 360º, realizar videoconferencias a distancia y a tiempo real incluso con varias personas a la vez localizadas en diferentes lugares, acceso a redes sociales con cientos de “amigos” a los que en muchos casos nunca se ha visto delante, el acceso a información casi ilimitada en forma de texto, fotos y vídeos de manera instantánea, GPS y navegador que te dice cómo ir de un sitio a otro cualesquiera que éstos sean… y todo esto sin botones ni interruptores visibles, simplemente tocando con los dedos sobre la pantalla para cambiar de aplicación, ampliar o reducir el tamaño de fotos, reproducir vídeos, etc. 


Pongámosles ahora a estos jubilados-adolescentes un casco de realidad virtual de última generación y dejemos que se den un paseo por Marte, que vuelen sobre Nueva York o que los ataquen unos zombies. Enseñémosles la cantidad de información que cabe en un drive USB del tamaño de una uña, una impresora 3D que fabrica juguetes, casas o coches, drones con cámara que se manejan de manera remota con un casco, materiales que responden a estímulos eléctricos emulando músculos con los que se podrían fabricar exoesqueletos casi invisibles, para personas con poca movilidad o para trabajos específicos, programas basados en inteligencia artificial que reconstruyen fotos a partir de unos cuantos pixeles, que nos sugieren lo que podemos comprar, qué música nos gustaría escuchar o adónde nos podría gustar ir en función de nuestros intereses personales, software que se puede utilizar para visualizar y simular cualquier diseño, construcción o proceso industrial antes de invertir en ellos, optimizando así recursos y resultados, y un largo etcétera que incluiría avances en bio y nanotecnología con máquinas a escala molecular o microscopios con resolución atómica. 


Las personas que hoy tienen más de 70 años están en mejor disposición que yo para emitir un juicio pero me parece claro que en una época en la que mucha gente todavía no había visto nunca una televisión, no cabría esperar mucho más de una hipotética tecnología extraterrestre. Estamos hablando de un periodo de tiempo de unos 60 años, un periodo de tiempo en el que la tecnología actual trasladada a la época en la que los hoy que son abuelos tenían la edad sus actuales nietos sería equivalente a lo que al principio de este texto interpretamos como “tecnología extraterrestre”.


Ray Kurzweil formuló en el año 1999 lo que él llamó la “Law of Accelerating Returns”, que se ha venido traduciendo como la “Ley de Rendimientos Acelerados”. Esta ley dice que el progreso tecnológico aumenta exponencialmente con el tiempo, de manera que el progreso comparable a todo el siglo XX debería tener lugar en los primeros 14 años del siglo XXI, que un progreso equivalente debería tener lugar de nuevo entre 2014 y 2021 y que en pocos años más el progreso que antes se realizaba en todo en un siglo tendría lugar varias veces en el mismo año. Según Kurzweil, el progreso tecnológico de todo el siglo XXI debería ser equivalente a 1000 veces el progreso del siglo XX. 


¿En base a qué se atreve a realizar estas afirmaciones? Resulta que no sólo los humanos están trabajando en el avance de la tecnología sino que también los ordenadores lo hacen a través de simulaciones, análisis estadístico y numérico, modelos, algoritmos de inteligencia artificial, diseño virtual, etc; por lo que se puede decir que el progreso se alimenta de sí mismo y cuanto más crece más capacidad tiene para seguir creciendo. Matemáticamente se expresaría diciendo que el aumento de progreso es proporcional al propio progreso en lugar de ser una constante, dando como resultado un crecimiento exponencial


En términos más sencillos podríamos explicar lo que es un crecimiento exponencial utilizando el ejemplo de la fabricación en serie de robots que pueden fabricarse a sí mismos. Supongamos que tenemos una fábrica de robots que produce 1 ejemplar cada hora. Si pasan 10 horas se producirán 10 robots estándar pero si cada ejemplar es capaz a su vez de fabricar otro y para ello también invierte 1 hora, al cabo de 1 hora tendríamos en ambos casos un solo robot (el primero), pero a las 2 horas en el segundo caso tendríamos 3 en lugar de 2 (2 producidos en la fábrica más el que produjo el primer robot, al que llamaremos su “hijo”), a las 3 horas tendríamos 7 robots (3 producidos en la fábrica, el primer y segundo hijo del primer robot, el nieto del primer robot y el hijo del segundo robot producido en la fábrica), a las 4 horas tendríamos 15 y al cabo de 10 horas tendríamos 1023 robots en lugar de 10. 


El progreso tecnológico no es tan sencillo de cuantificar pero hay indicadores como por ejemplo el aumento en la capacidad de cómputo, en la capacidad de almacenamiento de información, en la razón de generación de información, en la capacidad de simular procesos cada vez más complicados (número de partículas en sistemas discretos o nivel de resolución y tamaño en sistemas continuos), etc; que se puede demostrar que han seguido un crecimiento exponencial desde hace décadas. A día de hoy podemos evaluar las primeras predicciones de Kurzweil y con datos objetivos no parece que vayan muy desencaminadas.


Las conclusiones de Kurzweil y de otros futurólogos a unos años vista pueden parecer tan disparatadas como lo que hoy es rutina hubiera parecido hace 60 años pero ya hay quien estudia el envejecimiento como una enfermedad curable, quien trabaja en proyectos para establecer colonias humanas en Marte y quien predice que la siguiente evolución humana está cerca y no será biológica sino que tendrá lugar mediante la fusión con máquinas. 


A día de hoy, cuando la mayoría de las personas vivimos pegados a un “teléfono” inteligente, no es descabellado pensar en aumentar las capacidades humanas a partir de máquinas. Google, Microsoft y Samsung, cada uno por su lado, ya están trabajando en lentillas que permitirán monitorear a tiempo real la concentración de glucosa en sangre, corregir la visión e incluso proyectar imágenes directamente al ojo. A la vista de todo esto ¿es difícil de creer que los extraterrestres (una tecnología equivalente) están muy cerca? 


Quizá los extraterrestres, al menos en este sentido metafórico, sean nuestros hijos… ¡o quizá lo seamos nosotros mismos!


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