lunes, 19 de noviembre de 2018 10:07
Editorial

LA EXCLUSIVA

Manuel Fernando González Iglesias
Manuel Fernando González Iglesias

A Coruña, 1952

RajoyyPuigdemont 3


Todos los periodistas soñamos, como los descubridores de las Américas, con encontrar la ciudad de El Dorado que, en nuestro "extraño lenguaje" se llama exclusiva y que muchos confunden con "la primicia" o sea el scoop anglosajón, que es más habitual en nuestra profesión. Ya que en el primer caso llegas solo a la meta de la actualidad y, en el segundo, le sacas media cabeza a tu inmediato seguidor, que ha corrido un poco menos que tú para contarle a la audiencia lo que ha pasado en determinado asunto.


Cuando los socialistas de Felipe González mandaban en el Gobierno de España, las grandes exclusivas se las quedaba el Grupo Prisa. Y todos teníamos que comprar El País o escuchar la SER si queríamos enterarnos de según qué temas, que deberían ser del dominio de todos los medios de comunicación, ya que afectaban a millones de personas. Ahora con tanto desajuste parlamentario, esas exclusivas ya no son patrimonio del editor Cebrián, antes Don Jesús de Polanco, sino de los gurús que van a las tele-tertulias, engrasados previamente por el mundo de las finanzas o el área secreta de la política española.


En Catalunya, en ese tema en concreto, los diarios digitales vamos bastante más retrasados. Lo hemos visto hace escasas veinticuatro horas, cuando el diario del Conde de Godó, o sea La Vanguardia, sacó adelante la exclusiva del "almuerzo del gatillazo" que protagonizaron en las dependencias de la Moncloa la pareja Rajoy-Puigdemont en el mes de enero, del cual solo supieron los detalles los business de la redacción que dirige Màrius Carol. 


Como el tema era de claro interés general todos los diarios lo reprodujimos a continuación citando la fuente, "primero es el ciudadano y después nuestro orgullo profesional herido", en medio del orgasmo de satisfacción de todos los que trabajan o colaboran con el diario del Grande de España, como si "la maniobra político-empresarial" que hubo detrás de la publicación de la noticia no desprendiera el mal olor que tienen ciertas acciones de guerra sucia, en las que todos resultamos ser tontos, incluida la portavoz Munté y el popular Albiol, mientras el listo de turno gozara de la virtud de la premonición o incluso de una inalcanzable superioridad profesional.


Y es que en esto del "procés", el Grupo Godó en el sector privado, y TV3 en el público, compiten con los demás medios de comunicación catalanes con una notable desventaja a su favor, ya que a ellos siempre les llegan las exclusivas del poder, como también se les engorda su cuenta de explotación como consecuencia del trabajo que realizan.


¿Y a qué viene la cosa precisamente ahora me dirán Vds.? Pues a que, de vez en cuando, como en esta ocasión, hay que recordárselo a nuestros admirados colegas, aunque les entre la risa floja al leerlo porque lo que se está gestando con su valiosa e insuperable colaboración durante estos años, aquí en Catalunya, está entrando en su tramo final con el consiguiente desenlace, que si resulta bueno para todos los catalanes, será estupendo. Pero ¿y si no es así, a quién habrá que pedirle explicaciones? ¿A los políticos solo o también a quienes han manejado el procés como si tan delicado asunto para nuestra futura convivencia fuera una muy sabrosa fuente de negocio?


Por lo demás, enhorabuena por la nueva exclusiva gubernamental.  ¡Ah! y felicidades al Señor Millo, Delegado del Gobierno, que sí sabía de lo que estaba hablando. Al menos su Jefa no le dejó en ridículo como a la Señora Munté y al Señor Albiol.

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