martes, 23 de octubre de 2018 09:24
Opinión

​ESA INTRUSA DE MIS SUEÑOS…

Miquel Escudero
Miquel Escudero

La verdad no termina nunca


Shakespeare dejó dicho que estamos hechos de la misma madera que nuestros sueños. Estos preparan al cerebro para aprender y reorganizar los contenidos de la mente; nuevas asociaciones. Leo en un relato esta frase: “La máquina de coser, esa intrusa de mis sueños, seguirá resonando hasta la medianoche”. La madre del protagonista trabajando en casa. El autor es el muy culto periodista barcelonés Sergi Doria. Es su reciente novela La verdad no termina nunca (Destino). Igual que en la anterior, No digas que me conoces, Doria desarrolla una trilogía de historias de personajes olvidados y los ‘rescata’. En la primera fue el asombroso estafador Antonio Llucià, en esta segunda se centra en quien él denomina ‘un malo ilustrado’; quizá mejor en su exmujer y en un supuesto hijo. Se trata de Alphonse Laurencic, fusilado en julio de 1939 una semana después de cumplir 37 años de edad. De padres austríacos, era francés y políglota; había sido boxeador y músico de jazz. Fue condenado a muerte por el régimen franquista por diseñar y dirigir en Barcelona unas checas de surrealista e inusitada crueldad, llamadas psicotécnicas y donde desplegaba cultura vanguardista y una sensibilidad perversa; las de peor fama por su brutalidad torturadora estaban en las calles Vallmajor y Zaragoza. Al ser agente doble, Laurencic hubiera podido ser ejecutado también por el bando que perdió. Sergi Doria emplea en esta narración unos borradores del consejo de guerra que dictó su sentencia a muerte y cuenta que antes de la descarga alzó el brazo y gritó “soy víctima de las circunstancias. Nunca se sabrá la verdad sobre mí, la verdad no termina nunca”.


Por esta trama, desarrollada durante años de medias verdades e incomunicación, desfilan personajes como Ana María Dalí, Raquel Meller o Alady. También el falangista Luys Santa Marina -condenado a tres penas de muerte, entre 1936 y 1938-, quien dirigió la Soli y el Ateneo Barcelonés, que fue el primer traductor de Huxley al español y amigo de Max Aub. (Gracias a sus avales, no pocos republicanos salvaron la piel y se pudieron reincorporar a sus trabajos.) Asoman la ruleta de Strauss, un judío medio holandés, medio mexicano y su socio polaco Perlowitz, que dieron nombre al estraperlo; la intrépida aviadora y extraña periodista francesa Elisabet Sauvy, ‘Titayna’. O Fructuoso Gelabert y su película mínima Riña en un café (1897). 



Artículo publicado inicialmente en Catalunyapress.es


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