domingo, 16 de diciembre de 2018 16:31
Opinión

​¿AGONIZA REALMENTE ESPAÑA? (y 2)

Antonio Carlos Pereira Menaut
Antonio Carlos Pereira Menaut

Prof. de Derecho Constitucional, USC

Banderas eur esp cat



Decíamos ayer que la agonía de España, real o supuesta, no se debe (o no sólo, o no en primer lugar) al binomio separatismo-corrupción, sino que tiene varios frentes, que estamos comentando.


¿Quién defiende la cultura española frente a la globalización? Madrid, no, pues parece muy ocupada jugando la liga global de megalópolis cosmopolitas y angloparlantes. Los “pijos” se envuelven en rojo-amarillo-rojo, pero importan cultura y todo entusiásticamente de Anglosajonia, hablan inglés a sus hijos desde bebés y luego los mandan lo más lejos posible. ¿Cuánto tardará el inglés en ser el idioma cualitativamente más importante? En ciertos sectores, ya lo es. ¿A qué velocidad corremos hacia un Spanglish, en el cual las palabras profesionales importantes son inglesas, y el español aporta básicamente el relleno? Cada día penetra un vocablo o frase; cada día se altera el sentido de una palabra. En los camiones se lee “Intelligent Logistics” aunque transporten gallinas de Fandango de Arriba a Fandango de Abajo.


¿Tiene alguna misión España en el mundo, aparte de someter a Cataluña? ¿Obedecer a Bruselas? ¿Absorber la cultura anglosajona, de Halloween a Black Friday pasando por LGBTQIA (pues tanto el acrónimo como el movimiento son anglosajones), aun dejando morir idiomas y folklores propios? ¿Hay algún español de menos de 20 años que desconozca Halloween pero conozca a Almanzor?


El tema de la misión es serio. ¿Ahora que Europa ha dejado de considerarla “one of us”, cuál es la de España? ¿Someter presupuestos a Bruselas? ¿Hacer los deberes de deuda y déficit puntualmente, y no como la caótica Italia? Si nuestra auto-imagen europea es “los que hacen los deberes” (y no es nada raro oír eso), ustedes dirán en qué relación con Europa se ve España a sí misma; como mucho, alumno modelo. Lejos quedan aquellas antiguas misiones gloriosas: líder del flanco sur de la UE, relaciones públicas con Latinoamérica; Madrid, capital excéntrica de Sudacalandia, desplazando a Miami.


¿Quién defiende la economía española, las pymes, la agricultura, los autónomos o los desempleados españoles, frente a la globalización? ¿Quién defendió a España durante la crisis? Madrid parecía una delegada de Bruselas frente a España, imponiendo el austericidio a comunidades autónomas, universidades y demás.


O tomemos la Constitución, tampoco muy sana, aunque todavía no agonizante. ¿Sirve para algo, excepto contra Cataluña? ¿Quién la respeta? ¿Los altos tribunales? ¿No estamos ante una especie de implosión (que no derribo) de las instituciones públicas, pues ninguna verdaderamente se salva? Y eso tampoco lo explica el binomio cleptocracia/separatismo. ¿Acaso no es democrático que los ciudadanos todavía no anestesiados nos preguntemos si este estado —no sólo este gobierno— puede seguir pretendiendo que busca el bien común de España? ¿Puede chocarnos que un territorio que no sea Madrid o Andalucía, considere algún día la posibilidad de marcharse? ¿Es posible que ese clima moral no tienda a desmontar y erosionar a España?


¿Separatismo catalán? Sí, pero la que despega como un avión, la que se convierte en otro país, otra sociedad y otra sociología, es Madrid, con su particular rebelión de las élites urbanas (novedad nada orteguiana pero importante). Es Madrid quien cada día tiene menos que ver con (el resto pobre de) España, con mi aldea y mi universidad, pero más y más con sus pares, los demás jugadores de esa liga mundial. Hoy, aquí, muchos millones vibran con la bandera y la selección de fútbol —y tienen todo mi respeto, aunque no mi adhesión—, pero, ¿son conscientes de que vibran, en realidad, por los objetivos de Madrid, que quizá les perjudiquen a ellos? La invertebración de España no es nueva; pero ahora se le añaden, primero, la rebelión de las élites, segundo, la decisión de concentrar la población en ciudades grandes, tercero, la red de”major hubs” o megalópolis globales. Claro que España se rompe (o agoniza, o lo que sea), pero por la implosión de su sistema institucional, el entreguismo cultural, el desempleo crónico, la desigualdad entre élites y resto, la desertización y demás.


Incluso considerando sólo la desvertebración, mal arreglo tiene, pues —a diferencia de Roma, Berlín, Washington o Londres— Madrid vive de ser el centro, y todo paso que se dé en favor de “provincias”, aunque no sea una medida separatista; aunque fuese, estilo Alemania, llevar el Tribunal Constitucional a Lugo, será a costa de Madrid, que lógicamente se resistirá. Recordemos que ni Roma, ni Londres, ni Washington, ni Berlín crecieron a base de ser el centro o sólo por ser el centro, y ninguna de ellas lo concentra todo, ni siquiera hoy.


Volvamos al principio. Supongamos que mañana desaparecieran el separatismo y la cleptocracia. ¿Se arreglarían, por ello, estos problemas, tan profundos? No fácilmente, porque las políticas que los han impulsado proceden de... la propia España.


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