jueves, 17 de octubre de 2019 13:42
Opinión

MADURO SE TAMBALEA EN LA CUERDA FLOJA

Ludmila Vinogradoff
Ludmila Vinogradoff
Corresponsal internacional

El tiempo político en Venezuela ahora se mide en días y semanas. Todos se preguntan cómo y cuándo terminará esta pesadilla y el único que puede responderlo es el usurpador de Nicolás Maduro, que se aferra al poder desesperado, buscando todavía un salvavidas que lo mantenga a flote.


El ascenso vertiginoso desde el 5 de enero del presidente del parlamento, Juan Guaidó, de 35 años, que el pueblo venezolano juramentó como presidente interino en la gigantesca marcha del 23 de enero, ha sorprendido gratamente, incluso a la comunidad internacional que no ha dudado mucho en respaldarlo.


Guaidó ha despertado la esperanza de los venezolanos después de haber vivido las peores penurias de su historia con los 20 años de chavismo, de los cuales Maduro terminó de destruir el país en sus seis años de desgobierno.


La hoja de ruta propuesta con las tres fases: cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres, para restaurar el hilo constitucional y la democracia podría llevar globalmente entre 6 y 9 meses ha dicho el joven presidente encargado de la República.


Pero lo primero es lo primero que es la salida de Maduro porque en la transición no caben los dos en MIraflores, mejor dicho, no pueden convivir dos maridos en la misma casa y mucho menos cuando el bravucón se tambalea en la cuerda floja.


Por eso, Maduro se niega a entregar el poder. Se atrinchera en el Palacio de Miraflores mientras sus leales lo van abandonando poco a poco porque ya no tiene más dinero para corromper a la gente. Su poder de fuego se ha reducido a menos de 2.000 generales, al alto mando militar y a los enchufados que continúan enriqueciéndose con los fondos públicos mientras los ciudadanos se mueren de hambre, enfermedades y violencia.


Los que podrían también darle la estocada final o decisiva serían los denominados “comacates”, es decir los coroneles, mayores, capitanes y tenientes que están esperando el mejor momento para pronunciarse. Los comandantes del ejército saben que ganarán mucho más con el nuevo gobierno que con Maduro porque son el relevo militar. Y la nueva Ley de Amnistía les da garantías.


Y eso lo sabe el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López. Cuando ayer expresó su incondicional respaldo a Maduro no pudo ocultar ante las cámaras sus profundas ojeras oscuras en el rostro por no haber dormido bien y estar preocupado.


Maduro también se ha mostrado perturbado y debilitado. En su rueda de prensa actuó como un autócrata y un soberbio energúmeno, insultando a los jefes de Estado extranjeros que lo adversan y dando palos de ciego. Delira. Confunde dignidad con soberanía. Su cabeza no anda bien y ha perdido el control de sus gestos y modales.


El único que ha actuado con aplomo es Guaidó. Parece una pelea de boxeo en la que el joven contendor aporrea a otro mayor y gordo que se tambalea y lo pone contra las cuerdas. La pelea apenas comienza y se escuchan apuestas. El joven es el favorito y se está llevando la mayoría de las cuentas, especialmente las internacionales que apuestan fuerte a ganador. El final ya está cantado.


Esta es la primavera venezolana, es la tercera vez que la gente se lanza en masa a la calle después de dos cruentas y largas batallas protagonizadas en 2014 y 2017 para sacar a Maduro. “A la tercera va la vencida”, dice el refrán popular.   

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