sábado, 20 de abril de 2019 02:41
Opinión

EL FINAL DE LA ENCRUZIJADA

Ludmila Vinogradoff
Ludmila Vinogradoff
Corresponsal internacional

Los jinetes del apocalipsis tardan mucho en abandonar el Palacio de Miraflores, el centro del poder en Venezuela, después de haber usurpado la Presidencia. Saben que les llegó la hora de salir a partir del 10 de enero pero todavía vacilan en si dejan antes el país como tierra arrasada o si mejor se van agazapados para disfrutar de un exilio dorado.


Maduro


Son los últimos estertores de la cúpula en el poder, encabezada por Nicolás Maduro. En estos 20 años de chavismo, el régimen ha destruido el país en todos los ámbitos posibles, empujando a 3,5 millones de personas al mayor éxodo del mundo.


Los venezolanos escapan en masa del “hambre, la peste, la guerra y la muerte”, los cuatro jinetes bíblicos, en pleno siglo XXI. La hambruna se constata en las familias enteras que buscan comida en la basura para no morirse de hambre. Unos 4.000 venezolanos cruzan la frontera del Táchira diariamente para comer en Cúcuta, Colombia.


Pero la miseria no es lo que preocupa a la élite chavista que se aferra al poder. Los jinetes se disputan su permanencia en Miraflores. Se pelean entre ellos y se ponen zancadillas unos a otros. A lo interno hay desconfianza entre los diferentes grupos que componen la nomenclatura.


Lo único que une a los cuatro o cinco jinetes del apocalipsis chavista es su complicidad en el gran saqueo durante los 20 años de la era chavista que han dejado en la ruina al país. Y si cae uno también caerá el otro.


Por eso ninguno da la cara porque no sabe si será traicionado por el otro. Ni siquiera Maduro es el interlocutor válido para negociar una salida ante su rival Juan Guaidóporque parece estar secuestrado por el resto de la camarilla. Su pelea es con Diosdado Cabello, el número dos, siempre de segundón, que a su vez le pone trampas en la tormentosa relación.


Maduro aparenta dominar la situación pero por dentro está más solo que la una. Ya no confía en el alto mando militar al frente del general Vladimir Padrino López. Hay mucho miedo en el Ejército. Esa lealtad ahora es quebradiza por la alta deserción de sus filas. Quiere dar una imagen de poderío militar y se rodea con el relleno de empleados públicos forzados a disfrazarse de milicianos improvisados que se desmayan en el primer ejercicio castrense.


¿Qué es lo que sostiene todavía a Maduro? Un puñado de generales corruptos, la propaganda y el control férreo de los medios de comunicación nacionales. Ya no hay ningún periódico ni radio ni televisión independiente porque los ha cerrado a todos. La gente se informa por las redes, el internet y el boca a boca mientras avanza la represión y la censura contra la prensa y los periodistas.


Nadie lo ve abandonando a Miraflores por las buenas. A Maduro le han aconsejado, probablemente su mujer Cilia Flores y los cubanos castristas, que debe sacrificarse por la revolución hasta sus últimas consecuencias para subir al olimpo socialista junto a Chávez, Fidel Castro y el Ché Guevara.


El usurpador es el primero en atizar el fuego para que ocurra una intervención militar de EEUU. A cada momento la está invocando porque quiere ser un mártir de la revolución chavista. La imagen de su rostro impreso en las camisetas está garantizada. Por eso, el tiempo y el viento juegan en su contra. Ya no hay más chance y él lo sabe.

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