El ministro Wert, que se lo pasó en grande en los premios Goya y tuvo sus minutos de gloria, no quiere dejar de ser protagonista cada día. Esta semana, parece que cuando se levantó de la cama, se dio un golpe en la cabeza y por obra y gracia se ha vuelto más místico que San Juan de la Cruz y nos ha soltado que "reconocer la incapacidad de uno mismo para ser feliz", es el gran requisito para aprobar la asignatura de religión.
El ministro Wert, que se lo pasó en grande en los premios Goya y tuvo sus minutos de gloria, no quiere dejar de ser protagonista cada día. Esta semana, parece que cuando se levantó de la cama, se dio un golpe en la cabeza y por obra y gracia se ha vuelto más místico que San Juan de la Cruz y nos ha soltado que "reconocer la incapacidad de uno mismo para ser feliz", es el gran requisito para aprobar la asignatura de religión.
Así lo ha publicado el BOE, dentro del currículum de la asignatura de Religión que recoge la LONCE y que se impartirá en la Educación Primaria y Secundaria obligatoria. A partir del próximo curso, los centros tendrán la obligación de ofertar la asignatura, pero los alumnos podrán cursarla o no de forma voluntaria. También habla de la obligación de rezar que van a tener los niños si eligen religión como materia.
¿En qué país vive el ministro Wert? ¿En el país de los ogros que hacen infelices a los más pequeños y sólo rezando todo el día van a conseguir aprobar la asignatura y ser felices? Decía Sigmund Freud que existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo. Wert, seguramente es inmensamente feliz por la segunda parte, sin lugar a dudas.
La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir, por lo que nada más insensato que pretender, como quiere hacer el ministro, que sean sustituidas por las nuestras. Los niños son capaces por si solos de ser felices y trasladar a los demás esa felicidad, porque la ingenuidad, la ilusión y la capacidad de creación que tienen son infinitas.
Quizás los niños de ahora son menos felices porque en sus casas están viviendo en primera persona las consecuencias de la crisis: los desahucios, la desesperación de sus padres cuando han perdido todo lo que tenían y no pueden ni darles de comer. ¿Rezando le van a devolver la felicidad a los niños? ¿Quizás ellos piensen que el gobierno y los ministros como usted deberían aplicarse aquello de "a Dios rogando, y el gobierno gobernando"? Al oír sus palabras, es como si hubiera retrocedido varios siglos atrás. A los niños no hay que adoctrinarlos, sino educarlos en valores que no tienen que ser necesariamente religiosos.

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