Tiene razón la señora Ferrusola de Pujol cuando dice que Catalunya "no se lo merece". Es decir: no se merece contemplar el decadente espectáculo de una familia de privilegiados como ella al frente, que han hecho negocios de todo tipo sin que ninguno de los catalanes que hemos asistido a este vergonzoso proceso de enriquecimiento familiar, fuéramos capaces de abortarlo para dejarle a las nuevas generaciones un país, sin el vergonzoso pasado inmediato que ahora comienza a desvelarse.
Tiene razón la señora Ferrusola de Pujol cuando dice que Catalunya "no se lo merece". Es decir: no se merece contemplar el decadente espectáculo de una familia de privilegiados como ella al frente, que han hecho negocios de todo tipo sin que ninguno de los catalanes que hemos asistido a este vergonzoso proceso de enriquecimiento familiar, fuéramos capaces de abortarlo para dejarle a las nuevas generaciones un país, sin el vergonzoso pasado inmediato que ahora comienza a desvelarse.
Recuerdo muy bien una cena en La Odisea en la que un jurado de gran nivel decidió otorgarle uno de los Minutos de Oro a Doña Marta por aquella famosa frase que conviertieron en mediática los responsables de márketing de Convergència: "Això és una dona". Eran tiempos de vino y flores para la familia Pujol y para Convergència. Yo estaba en esa cena porque tenía que organizar la parafernalia de los premios y de aquel entonces. Me queda todavía en la memoria la imagen de quien propuso esa candidatura en concreto. No voy a desvelar su nombre, porque las reuniones de los jurados son secretas y cuanto más pasa el tiempo, aún más, porque las personas nos hacemos mayores y a esa edad uno tiene derecho que se le recuerde por sus buenas ideas, y no por las malas. Este periodista que escribe, que entonces no tenía derecho al voto en esa reunión, se dio cuenta enseguida de que el que había hecho la propuesta tenía entonces presente convergente y ataduras bancarias recientes con los Pujol, con lo cual, su idea se había gestado artificialmente en otro foro, que había trasladado a aquella mesa del jurado, buscando la lisonja al poder de la familia a través de un altavoz tan mediático entonces como eran los Minutos de Oro.
No le fue difícil al proponente conseguir la rápida adhesión de varios de los miembros del jurado que arrastraron ya en el final de la velada a los más reticentes, que también los hubo. A mí, el hecho me produjo dos sensaciones completamente opuestas: Una positiva, porque me liberaba del ingente trabajo de localizar al premiado, en esta caso la premiada, y convencerle de que viniera a recoger el premio en la cena multitudinaria del Princesa Sofía. Y otra, negativa, la que como periodista nada querido por el Govern de la época porque mis informaciones sobre Banca Catalana no gustaron, de que el jurado estaba entregando su credibilidad a un eslogan político y a una ideología partidista. Y tal y como lo pensaba, se lo dije al día siguiente en privado al Presidente del Jurado, el gran hombre de radio Marcelino Rodríguez de Castro, quien me miró sonriente y trató de calmarme invitándome a que hiciera mi trabajo, obviando lo que había visto y oído, porque, en concreto, ese premio era bueno para los intereses de la empresa. Un ejemplo más de las miles de maneras de dejarnos llevar que ha permitido a los Pujol convertir Catalunya en su finca particular.
Ayer, la dona en cuestión me volvió a enfadar. Ya no hay Minutos de Oro y las cenizas del aquel Presidente del Jurado duermen en el Océano Atlántico de su Galicia natal... No puedo por tanto pedir que le quiten el premio a esta "dona" malhumorada y soberbia que ayer nos ofendió a muchos catalanes en el Parlament con su "Catalunya no se lo merece". Pero sí lo que puedo hacer es, como editor de este diario, decirlo y escribirlo en nombre propio, asegurando que, entonces y ahora, la Marta Ferrusola i Lladós, personaje público, esa concretamente, a mí me parece que? "això no és una dona".

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