En Ferraz, el aparato del PSOE ha levantado el mazo y le ha sacudido un mandoble estatutario a Tomás Gómez que lo ha enviado a la lona. Y todo porque es el socialista que se atrevió a ganarle por la mano la secretaría general de la bulliciosa Federación Socialista Madrileña a la candidata del entonces Presidente Zapatero y suceder al histórico Rafael Simancas, el mismo, al que ahora Pedro Sánchez pone al frente de la gestora que ha de sustituir a Gómez.
En Ferraz, el aparato del PSOE ha levantado el mazo y le ha sacudido un mandoble estatutario a Tomás Gómez que lo ha enviado a la lona. Y todo porque es el socialista que se atrevió a ganarle por la mano la secretaría general de la bulliciosa Federación Socialista Madrileña a la candidata del entonces Presidente Zapatero y suceder al histórico Rafael Simancas, el mismo, al que ahora Pedro Sánchez pone al frente de la gestora que ha de sustituir a Gómez. Han pasado siete años desde esos hechos. Y donde entonces cohabitaban treinta mil militantes, ahora solo quedan justo la mitad. Una verdadera sangría democrática que hace pensar que el socialismo madrileño no solo se ha roto sino que además camina "irresponsablemente" hacia su propia autoliquidación.
Es bien conocido por los jerarcas del PSOE que la Federación madrileña ha sido casi siempre una jaula de grillos, donde los Acosta, Solana, Leguina, Barranco, Barrionuevo y otros más han medido sus fuerzas en numerosas ocasiones y han acabado, en casi todas ellas, a tortas dialécticas. De tal manera que sus dirigentes hace ya "veinte años" que perdieron la Presidencia de la Comunidad y la Alcaldía de Madrid y nunca han conseguido recuperarla. Los madrileños votaban una cosa en las generales y luego otra muy diferente en los comicios locales y regionales.
El divorcio entre la gente y el socialismo madrileño ha sido durante todo este tiempo tan evidente que pensar que, ahora mismo, la marcha forzada de Tomás Gómez les va a hacer ganar o perder esos dos feudos institucionales resulta más un sofisma que una sensación lógica devenida de un hecho político puntual. A Pedro no le gusta Tomás, que según dicen, le pone a caldo cuando se da la vuelta, y se lo ha cargado, tras sopesar sus apoyos internos por encima y por debajo de su persona política, y además, con el apoyo del diario de PRISA, que como no sabe cómo subir sus ventas, vuelve, como en los viejos tiempos, a meter las narices en la casa del pueblo socialista, mientras en la suya echa a la calle a los mejores periodistas que tiene: los históricos colegas de los servicios informativos de la SER.
Por lo demás, en el PSOE todo sigue igual. Lo peor que les puede pasar a los del puño y la rosa es que lo de la convocatoria de Andalucía le salga mal a su presidenta, debido al interés de la Jueza Alaya de influir con sus Autos en cuantas convocatorias electorales se convoquen en su comunidad autónoma, y también por los miles de votos que pueda restar a la izquierda andaluza la recién nacida PODEMOS que, por primera vez, va a medir sus fuerzas contra sus adversarios de la casta.
Si lo de Andalucía le sale bien al PSOE, aumentará su moral colectiva y concurrirá a las municipales y luego a las generales con una fuerza que las encuestas se niegan a reconocerle, mientras que, si los resultados son mediocres o malos, el partido se desmoronará irremisiblemente y se hundirá en un pozo sin fondo, donde ya se encuentran partidos hermanos como el PS Italiano y el PASOK griego, que como los sociatas españoles no supieron ver a tiempo que el problema lo tenían dentro y no en la sociedad que antes les votaba con indisimulable entusiasmo. Falta, pues, tan solo un mes para que el gran enigma se desvele, y mientras ese momento no llega a los medios de comunicación, a Pedro Sánchez nos ha regalado el traumático cese de Tomás Gómez, para que vayamos haciendo titulares, por si no teníamos bastante con los que cada día nos ofrecen los Monedero, Pujol, Bárcenas o Tania Sánchez.

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