Perdónenme los antitaurinos, que en Catalunya son los más fieros, si utilizo una de las suertes en desuso en el mundo de los toros para definir la actuación parlamentaria de Artur Mas en la comisión que estos días, busca pero no encuentra la manera de meter en cintura a los corruptos, especialmente a la familia Pujol. Me refiero a la figura del Don Tancredo, ya desaparecida de los ruedos pero que dejó inmortalizada en el cine el gran Fernando Fernán Gómez en "el Inquilino" o el vasco universal Pio Baroja en su gran novela "La Busca".
Perdónenme los antitaurinos, que en Catalunya son los más fieros, si utilizo una de las suertes en desuso en el mundo de los toros para definir la actuación parlamentaria de Artur Mas en la comisión que estos días, busca pero no encuentra la manera de meter en cintura a los corruptos, especialmente a la familia Pujol. Me refiero a la figura del Don Tancredo, ya desaparecida de los ruedos pero que dejó inmortalizada en el cine el gran Fernando Fernán Gómez en "el Inquilino" o el vasco universal Pio Baroja en su gran novela "La Busca".
Como mejor saben los taurinos, históricamente es ésta la figura de un desesperado que acostumbraba a vestirse de blanco manteniéndose totalmente inmóvil en la salida de "toriles", para que el toro le confundiera con una figura de mármol y así poder evitar la embestida, mientras la gente se lo pasaba en grande viendo que, a veces, demasiadas veces, el invento fallaba y daba con la figura tancrediana en la enfermería de la plaza. Cuentan las crónicas de principios del siglo pasado que al que se le ocurrió la idea, un torero de escaso éxito con mucha hambre en el cuerpo, se llamaba así y pudo por fin ganarse la vida que era de lo que se trataba, aunque con el paso del tiempo, las autoridades acabaron prohibiendo este tipo de toreo por los numerosos accidentes que se producían.
Al President de la Generalitat, ayer, su inmovilismo calculado, o sea su tancredismo parlamentario, le sirvió para demostrar públicamente que es el único tuerto de una cámara plena de invidentes, que son absolutamente incapaces de ganarle un solo debate, aunque aten a su adversario a una silla y le tapen la boca con un pañuelo. La verdad sólo es una y la evidencia de que Mas les llenó a todos de collejas verbales, sin apenas despeinarse, es tan grande que a uno le da vergüenza ajena contemplar esta escena colectiva de impotencia dialéctica de tantos y tan variados portavoces parlamentarios.
Pero si eso fue así dentro de la Cámara y ya no tiene remedio, otra cosa es o será lo que la mayor parte de los ciudadanos saquemos en conclusión de esta cita con la historia del President, que ha querido convencernos a todos de que nunca supo nada, que nunca vio nada y lo que es peor, nunca hizo nada. President: ¡Hasta el más simple de los barceloneses sabía dónde estaban los despachos de influencia en la era Pujol y a quienes te podías encontrar en ellos para que te "agilizaran" los negocios en la administración catalana!
No vale pues amparándose en la lentitud judicial y de que todavía no hay pruebas suficientes, afirmar lo que nuestro Molt Honorable ayer nos contó a los catalanes, además en sede parlamentaria, porque no es ni ético ni creíble, por muy brillante que sea tu dialéctica o muy pobre la presión política de tu oposición. Los millones de euros existen, sus beneficiarios los han sacado de alguna parte, los han paseado por los bancos de varios continentes, y no parece que éstos procedan precisamente de una gestión muy lícita. Y eso es tan evidente que ni siquiera un humilde Tancredo puede ni debe negarlo, porque precisamente el toro de la corrupción le pasó demasiado cerca aunque él, muy en su papel, no se atreviera a moverse. Pasó lo que pasó, los Jueces intentarán contárnoslo aunque sea tarde, y a nuestro President solo cabe desearle cuando todo se sepa, que llegue a pasarle lo mismo que a cualquiera de sus "padres políticos", que cuando están una edad en la que el cuerpo solo te pide escribir tus memorias y comer de vez en cuando con los amigos que aún quedan vivos, tengas que ir todas las semanas a los juzgados o incluso pisar la cárcel...

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