domingo, 22 de octubre de 2017 06:46
Opinión

Las últimas abuelas de la Barceloneta

Vicenç Sanclemente
Vicenç Sanclemente

Tienen 80 o 90 años. Cada día suben decenas de escalones para escaleras oscuras hasta llegar a su piso. No hay ascensor. Son sus patas. Me pregunto quien las defiende.

Tienen 80 o 90 años. Cada día suben decenas de escalones para escaleras oscuras hasta llegar a su piso. No hay ascensor. Son sus patas. Me pregunto quién las defiende.

He tenido la oportunidad de participar en el taller Pisa la Calle Repor de TVE Cataluña. He estado en un grupo con los periodistas Ana Mancho y Pablo Roigé. Durante cuatro días hemos estado filmando por la Barceloneta. Lo más impresionante fue conocer a un personaje entrañable: la Maria, de noventa años. Comenzó a trabajar, sirviendo, con doce. Sufre del corazón. Sube cinco pisos de escaleras cada mañana. Liga las bolsas de la comida abajo, en el primer rellano, y luego cuando llega arriba, estira y estira la cuerda hasta asumir los cuatro víveres que ha comprado. Ella no está en alquiler, llegó a ser propietaria con un préstamo. La Barceloneta ha sido siempre su barrio y le encanta. Dice que no se irá de su casa sino es con los pies por delante.

Pero, desgraciadamente, puede haber desconocidos que lo estén esperando. La Barceloneta ha convertido en el espacio más claro de lucha de clases de toda la ciudad. Y ahora en verano es más patente que nunca. En un espacio donde los promotores inmobiliarios compiten palmo por palmo, piso por piso, al acecho de una inmensa oportunidad de negocio. El metro cuadrado de los pisos de la Barceloneta ha llegado a los 4000 euros el metro cuadrado. La inmensa mayoría de inmuebles son muy pequeños, no pasan de los 40 metros cuadrados. Hoy puede encontrarse un piso de una habitación por 120.000 euros. Es muy difícil que un trabajador español / a pueda acceder. Pero, para los extranjeros de alto poder adquisitivo, comparado con Paris o Londres, es una ganga. Sólo hay un inconveniente: los que viven, deberían irse.

Con los alquileres pasa lo mismo. Hablamos con una pareja de "guiris" que venía de Londres a pasar una semana. Pagaban 1.000 euros por 6 días para un apartamento de una habitación separado por cortinas y estaban bastante contentos. Es decir, el propietario este mes puede obtener 4000 euros, diez veces más que el que obtendrían de una abuela, o de una familia de antiguos inquilinos.

Me pregunto cuándo pueden durar los antiguos vecinos de la Barceloneta, un reducto de vida única, entre tres puntos de lujo: el hotel Vela-se pasaron por el arco del triunfo la ley de Costas-, el hotel Arts y un puerto Viejo sólo pensado para la jet y siete. Un promotor - que prefirió no salir en pantalla-nos comentaba que La Barceloneta llegará a ser un gran hotel, pero con apartamentos en vez de habitaciones. Queda algún responsable público que piense que un Puerto Viejo de lujo beneficia a los ciudadanos?. A favor de quién estará el amigo William Carnes, de Turismo de Barcelona, con los que pagan 10 millones de euros por un amarre o con las abuelas?

Por las calles encontramos La Síndica de Barcelona, Assumpció Vila. Ella también cree que el modelo de turismo se debe regular. No puede ser que, a gracias unas malas prácticas, a las ganancias producidos por el alquiler de apartamentos turísticos ilegales, se esté expulsando al resto del barrio. Hay sólo 64 licencias de apartamentos turísticos, y están paralizadas las nuevas, pero todo el mundo sabe que hay cientos de ofertas fuera de la ley.

La historiadora Ma.. Jesús Vidal de la Asociación de Vecinos reivindica que se protejan todos los edificios. Que toda la Barceloneta quede protegida, como zona 15. Esto impediría, reformas y prácticas fraudulentas.

Me pregunto qué harán los representantes públicos. Acompañarán a la abuela María o se dejarán llevar por el atractivo de los yates del puerto y por surferos, o por colectivos, como los paquis que pueden proponer ofertas para terrazas y locales a precios donde un pequeño comerciante individual no puede llegar ..? Por lógica, ante una situación de emergencia hay un pacto para defender vecinos.

Creo firmemente que desde el Partido Popular hasta Ada Colau pueden llegar a reflexionar que volver al modelo anterior de especulación inmobiliaria que provocó la crisis no es el camino correcto. Nos lo recordaba el mismo gerente de Vivienda del Ayuntamiento, Antoni Sorolla. No habremos aprendido nada.

En este momento de lucha de intereses, de clases, los primeros que se ven abocados a dejar la Barceloneta son los que han sufrido más la crisis: las familias en paro que no pueden pagar un alquiler. Este mes de Julio había convocados tres desahucios. Asistimos a dos. El de la familia de Amin y el de Elena. Finalmente el primero se aplazó y el segundo se anuló. Queda un tercero para la próxima semana, el de Khadija. Nos comentaba Pepa Picas, de la Asociación de Vecinos de la Ostia, que los jueces siempre dan la razón a los propietarios y sólo la presión popular, las cámaras y las llamadas entre altos despachos, en el último momento, pueden pararlos.

Estamos viviendo un momento crítico. Desgraciadamente la expulsión de los vecinos y vecinas de la Barceloneta parece irreversible si no hay un gran acuerdo, un pacto de todos. Si en unos meses los partidos tradicionales no son capaces de demostrar que defenderán a todas las señoras Maria, caso por caso, piso por piso, escalera por escalera, entonces la misma indignación hará girar el electorado hacia alternativas más radicales. Nos comentaban grupo que juega al domino al Club Atlético Natación Barceloneta que la Barceloneta no quiere ser un hotel, un parque temático, quiere ser un barrio. Y si hoy gusta todo el mundo es por qué está vivo.

Parece que si todo se deja a la ley de la oferta y la demanda, en un par de años diremos adiós a la Barceloneta. Pero si la administración prefiere mirar hacia otro lado, quizás antes del electorado - los hijos y los nietos y nietas de la señora María-cabrean y en las próximas municipales puede que haya sorpresas y dirán adiós a los políticos que defiendan la Barcelona para ver y beber y no para vivir. Será la venganza de la abuela de las patas delgadas.

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