martes, 24 de octubre de 2017 09:34
Opinión

DIE SEHNSUCHT (LA MELANCOLÍA) DEL PSOE

José Miguel Villarroya
José Miguel Villarroya

Susana Diaz 3


Viendo el acto de precampaña de Susana Díaz, llego a la conclusión que una parte muy importante del PSOE, entre ellos líderes históricos y barones territoriales sufren de Sehnsucht, cuya traducción no es exactamente la de melancolía, sino más bien la de estar encerrados en un pasado que nunca más ha de volver. Piensan con mentalidades de los años ochenta y noventa del pasado siglo, tiempos gloriosos sin duda, pero ya finiquitados.


Pensar que mantener el mismo discurso de antaño con diferentes caras, significa el éxito electoral es sencillamente no hacer un diagnóstico exacto de los profundos problemas que tiene el socialismo a nivel europeo y español. La gente ha dejado de votar socialista por su falta de discurso ante el neoliberalismo, cuando no su complicidad tácita y explícita con él, tanto a nivel europeo como nacional.


¿Es que acaso las derrotas electorales en todos los países han sido causa de un discurso de izquierdas?, ¿Eran Milliband, Valls y Hollande, Sigmar Gabriel, Renzi representantes del ala izquierdista de sus partidos? La respuesta es no, más bien al contrario. Lo mismo puede decirse de Rubalcaba, o de los actuales barones, quienes por cierto, la mayoría, perdieron sus elecciones y gobiernan gracias a Podemos.


El electorado y la militancia apuestan por un partido socialista de izquierdas, alejado de las doctrinas liberales y que no esté sujeto a tactismos parlamentarios, y sí a unos ideales claros y diáfanos en pos de mejorar la vida de las clases desfavorecidas, que por desgracia cada día son más. Todo lo que no sea esto será un fracaso a corto y medio plazo.


Como muestra un botón, el SPD ha sufrido una severa derrota en el Sarre, la CDU le ha sacado más de diez puntos. Afirmé en su momento que el efecto Schulz era más cosa de intereses velados que de realidad. La realidad es que cambiar caras sin cambiar el discurso, o cambiar éste sin cambiar caras tiene el mismo efecto. Martin Schulz lleva veinte años en el Parlamento Europeo votando con la derecha. Está todo el mundo avisado. El problema es que la Sehnsucht, cuando no otros intereses, está profundamente arraigada.

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