martes, 16 de julio de 2019 18:27
Opinión

AL TENOR DE ZORRILLA

Miquel Escudero
Miquel Escudero

José Zorrilla, el autor del Tenorio, tenía un idilio con Barcelona, decía este vallisoletano que no usaba barretina pero que era mirado como catalán y recibido como hermano. En la Ciudad Condal se imprimieron sus Recuerdos del tiempo viejo, unas memorias deslavazadas que, mal que bien, le permitieron sobrevivir económicamente. Es para quedarse atónito leer que "mis obras, que son tan malas como afortunadas, han enriquecido a muchos, y mi Don Juan mantiene en el mes de octubre todos los teatros de España y las Américas españolas; ¿es justo que el que mantiene a tantos muera en el hospital o en el manicomio, por haber producido su Don Juan en tiempo en que aún no existía la ley de propiedad literaria?"


Impresiona que esta persona tan popular se mostrase tan libre y lúcido sobre su propio valor literario, así como tan franco como para mencionar sus "más recónditas pesadumbres que me han puesto alguna vez al borde de la desesperación y a dos pasos del suicidio". "Los disgustos de familia me habían envenenado el corazón, y la fiebre del corazón me había exaltado y descompuesto el cerebro. Yo era sonámbulo (desde los 19 años): y el sonambulismo es la primera estación del camino de la locura. ¿Y quién duda que mi desarreglo cerebral tiene que haber influido en el giro loco y desordenado de mi poesía? ¿Y quién sabe si un poeta no es más que un monomaníaco que va para loco? ¿Y si yo soy un poeta, cómo se dice?... ¡Quién sabe! ¿Por qué no? Mi padre murió creyendo que yo era un tonto… y yo creo que sólo los tontos son los que se vuelven locos". Y prosigue en otro momento, al tenor de las palabras paternas dice ser "el mayor tonto que hay en España, puesto que he podido serlo todo y no soy nada, he enriquecido a muchos quedándome pobre".


Este hombre para quien "las visitas inútiles, las relaciones superficiales y los convites sin cariño" le habían sido siempre inaceptables, afirma que nunca dejó penetrar a nadie en su corazón. Para eso aplicó "el arte de hablar mucho sin decir nada, que es en lo que consiste generalmente mi poesía lírica, aunque por ella se extravasa la melancolía y en ella rebosa la amargura de mi alma. Yo soy un hombre muy alegre y un poeta muy triste, de lo que resulta que mi poesía y yo parecemos falsos". ¿No os entran ganas de leerlo? 



Artículo original publicado en catalunyapress.es.

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