jueves, 24 de agosto de 2017 07:05
Opinión

Exclusión también en femenino

Ermengol Gassiot
Ermengol Gassiot

Secretario General de CGT Catalunya

Mi abuelo, en realidad ambos abuelos, trabajaban. Mis abuelas, no. De hecho, debería decir que no trabajaban fuera de casa, porque en casa sí lo hacían. Y se hartaban. Cocinaban, lavaban y doblaban la ropa. Limpiaban la casa. Cuidaban los nietos como antes lo habían hecho con hijos, padres y suegros.

Mi abuelo, en realidad ambos abuelos, trabajaban. Mis abuelas, no. De hecho, debería decir que no trabajaban fuera de casa, porque en casa sí lo hacían. Y se hartaban. Cocinaban, lavaban y doblaban la ropa. Limpiaban la casa. Cuidaban los nietos como antes lo habían hecho con hijos, padres y suegros. De jóvenes sí habían trabajado fuera de casa. Una de ellas lo dejó cuando se casó. En la otra, la "depuraron" como maestro en 1939, de allí fue a la fábrica y, finalmente, en casa. Creo que muchos de nosotros conocemos de cerca historias similares. Las abuelas en casa y los abuelos en el trabajo. Y, por trabajo, entendemos fuera de casa.

A pesar de que historias como esta son de lo más comunes, muchos hombres tenemos que hacer un esfuerzo para recordar cuánto desigual que puede llegar a ser el mundo del trabajo. Una mitad de la población es empujada a tener un papel más activo en las tareas de cuidado de las personas, unos trabajos que aún ahora las administraciones públicas se resisten a promover que se reconozcan como actividades laborales. Casualmente esta mitad de la población son las mujeres principalmente, como mis abuelas.

Todo esto me ha venido hoy a la cabeza cuando me he mirado una serie de estudios que tenía pendientes de analizar de la Organización Internacional del Trabajo. He cogido uno. Su titular era impactante. Nos decía que prácticamente el 50% de la población mundial de la tercera edad actualmente no recibe ninguna pensión. En el subtítulo, además, decía que en muchas ocasiones las pensiones son insuficientes y que esta situación ha empeorado notablemente con las políticas de reducción del gasto público.

Las ideas generales del estudio me eran bien comunes. De hecho, muchas las hemos estado denunciando desde hace tiempo. No obstante, las cifras a veces tienen la virtud de mostrar la realidad desnuda, con toda su crudeza. Por ejemplo, nos dice que en España sólo el 68% de las personas de más de 65 años reciben una pensión. Un dato por encima de la media mundial pero, al mismo tiempo, muy por debajo de la media de Europa occidental, que es de poco más del 94%. De hecho, el porcentaje español es claramente el más bajo de la UE de los 15, donde hay cifras como el 100% de cobertura en lugares como Francia, Países Bajos, Alemania, Dinamarca. Y también otros estados de ingreso reciente en la UE, como Bulgaria, Hungría o Rumanía tienen porcentajes superiores al 95%. En definitiva, al Estado casi un tercio de las personas mayores no tienen pensión.

Hasta aquí estos datos me habían hecho encogió la nariz. Cuando he entrado a ver cómo se comportaban en hombres y mujeres la sorpresa ya ha sido mayúscula. Mientras el 97,4% de los hombres de más de 65 años en España reciben una pensión, las mujeres que cobran una apenas llegan al 46,6% de. En otras palabras, más de la mitad de las mujeres no perciben pensión, a pesar de que seguramente han trabajado toda la vida. Eso sí, cocinando y cuidando personas. Un tipo de tareas que, no hay que olvidar, son esenciales para la vida. Volviendo a las estadísticas, también he podido ver como después de Malta, es en España donde la diferencia entre hombres y mujeres que cobran pensiones es mayor de toda Europa. Y de calle.

En suma, una buena dosis de realidad para pensar un poco. Y, de hecho, al cabo de un rato estaba sorprendido de mí mismo. Lo cierto es que las estadísticas reflejan una realidad que hemos mamado desde pequeños. Madres, y sobre todo abuelas, trabajando en casa. Sin sueldo. Sin un reconocimiento público. Un camino que llega a la vejez con la exclusión de una cosa tan básica como una pensión.

Y acabo. Hoy he conocido las cifras de cuántas personas no cobran ninguna pensión y que en el estado donde nos ha tocado vivir esta exclusión se escribe principalmente en femenino. Pero también he recordado que aparte de vivirla, la realidad también debemos pensar. Y hacer que lo que es tanto normal no lo vivamos, precisamente, como algo normal. Y, a partir de ahí, a transformarla.

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