miércoles, 18 de septiembre de 2019 11:01
Sociedad

​Decenas de empresas de armas no respetan los derechos humanos

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Tienda de armas



Decenas de empresas de armas violan los derechos humanos al suministrar equipos a países acusados de crímenes de guerra, acusa a Amnistía Internacional (AI) en una investigación publicada en vísperas de una importante feria mundial de armas en Londres.


Según la investigación, 22 grandes empresas de armas de 11 países no cumplen las normas internacionales de derechos humanos y 14 de ellas ni siquiera han respondido a las solicitudes enviadas por la organización no gubernamental.


'Outsourcing Responsibility' (documento en inglés) revela hechos que podrían dar lugar a posibles acusaciones judiciales contra estas empresas y sus líderes, por complicidad en crímenes de guerra.


El informe llega en vísperas de una de las mayores ferias internacionales de venta de armas, la Feria Internacional de Defensa y Seguridad, que se celebra en Londres entre el 10 y el  13 de septiembre, advirtiendo del incumplimiento de los protocolos de defensa de los derechos humanos con los que están asociados los países en los que se encuentran estas empresas.


Las 22 empresas investigadas incluyen algunos de los nombres más relevantes en el comercio internacional de armas, como Airbus (Países Bajos), Arquus (Francia), Boeing (EE.UU.), BAE Systems (Reino Unido), Leonardo (Italia), Lockheed Martin (Reino Unido), Raytheon (EE.UU.), Rosoboronexport (Rusia), Thales (Francia) y Zastava (Serbia).


AI revela cómo empresas como Airbus, BAESystems y Raytheon venden equipos y municiones a países acusados de crímenes de guerra y graves violaciones de los derechos humanos, como Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos.


Por lo tanto, cualquiera de estas empresas está violando directamente el Tratado sobre el Comercio de Armas, que fue firmado por 104 países y entró en vigor en diciembre de 2014, y que establece normas muy claras para prevenir y erradicar la venta ilícita de armas convencionales.


RESPONSABILIDAD


"El papel de las empresas armamentísticas en los conflictos mortales, marcados por graves violaciones de los derechos humanos, ha sido 'un elefante en la habitación' durante demasiado tiempo. Aunque países como el Reino Unido están siendo procesados ante los tribunales por tráfico de armas imprudente, las empresas que se benefician de los suministros a países implicados en conflictos de este tipo escapan a todo escrutinio", explica Patrick Wilcken, investigador de control de armas de Amnistía Internacional.


En muchos casos, las empresas se han defendido de las acusaciones de complicidad en la vulneración de los derechos humanos respondiendo que la responsabilidad del uso del equipo recae en los países que lo adquirieron, eludiendo así su propia responsabilidad. 


"Pero las regulaciones gubernamentales no exoneran a las empresas -cualquiera que sea su campo- de perseguir sus propios esfuerzos para proteger los derechos humanos", dice Patrick Wilcken.


ACUSACIONES O SILENCIO


En otros casos, las compañías dicen que el informe de AI es falso y engañoso. La compañía británica BAE Systems sostiene que sus contratos con Arabia Saudita siempre estuvieron sujetos a la aprobación y monitoreo del gobierno del Reino Unido, y la italiana Leonardo dice que los hallazgos de AI "no son del todo justos", aclarando que cumple con todos los requisitos de los tratados internacionales.


Sin embargo, Leonardo no explica cómo esta práctica es efectiva en situaciones concretas, como las exportaciones a los Emiratos Árabes Unidos, que utilizan sus equipos en la guerra de Yemen


La empresa rusa Rosoboronexport ni siquiera respondió a las preguntas sobre el suministro de equipo militar a las fuerzas armadas sirias, acusadas de crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad.


Tampoco respondieron la empresa serbia Zastava, que suministraba armas para ejecuciones masivas en Camerún, ni la francesa Aquus, que vendía vehículos blindados a Egipto, donde se utilizaban para contrarrestar violentamente las acciones de los movimientos de oposición al gobierno.


"Los gigantes de la defensa se están lavando las manos con responsabilidad, argumentando que una vez que sus productos son enviados, ya no tienen control sobre su uso", dice Patrick Wilcken.

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