jueves, 14 de noviembre de 2019 09:26
Opinión

ESOS MUCHACHOS

Oscar Hernández Bernalette
Oscar Hernández Bernalette

Efrain flores


Debo confesar que navego a contracorriente con el caso de los sobrinos del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, Franqui Francisco Flores de Freitas y Efraín Campos Flores.


No celebro el rigor de lo que les espera, en el Centro Correccional Metropolitano, una cárcel federal ubicada en Manhattan, de la dijo que un preso que seguro no conoció las de Venezuela, que era más dura que la de Guantánamo. Al ver el diseño de la habitación que les espera, 7 metros, con apenas una mesa, cama y un televisor en blanco y negro, pienso sobre qué necesidad tenían esos muchachos de embarcarse en tamaña aventura de conspirar para traficar drogas a los Estados Unidos.


Recordé de mis tiempos de Cónsul en Portland, el seguimiento y apoyo emocional que me tocó darle a un becario Mariscal Ayacucho, quien fue apresado por formar parte de una red de tráfico. Su familia desde Caracas sufrió mucho, era un joven que perdió la cabeza y tuvimos al final la suerte de ayudarlo y liberarlo con un tecnicismo legal. Pero como afirma el siquiatra Hernán Pífano; “quienes se acercan al mundo de la droga saben a qué atenerse.”


La pregunta obligatoria es, ¿por qué esta fatalidad de quienes están cerca del poder de abusar? Por qué unos hijos, sobrinos, de un presidente pueden usar facilidades que no les corresponden, aviones, recursos, viajes, tener dinero que no han trabajado etc., cuando el pueblo elige a sus padres o familiares es para que sirvan a los ciudadanos, no para facilitarle la vida a sus allegados. Esos muchachos no pensaron que su avaricia perjudicaría las vidas de sus esposas, hijos y padres. Por lo visto eso no les paso por la mente. Es el dinero fácil, no fueron formados en valores, disciplina y con temor por violar la ley.


Cuando sentenciaron hace unos años al hijo del expresidente de Honduras, Porfirio Lobo, afirmó que esperaba que su hijo fuese hallado inocente, "pero si él es culpable, debería tomar responsabilidad por sus acciones". En Venezuela quiere el sector oficialista tapar el sol con un dedo y sus padres esconden la cabeza como el avestruz precisamente cuando el país quiere, sino un perdón, por lo menos una explicación. Pero no importa, como en algunas culturas foráneas, aquí se celebra bailando salsa la tragedia de esos muchachos.

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