Entre las muchas críticas que se le pueden hacer al PP , hay una que define perfectamente su talante: confundir la mayoría absoluta con la verdad absoluta y negarse a dialogar para llegar a acuerdos de estado en todos los temas que trascienden los ámbitos partidistas.
Entre las muchas críticas que se le pueden hacer al PP, hay una que define perfectamente su talante: confundir la mayoría absoluta con la verdad absoluta y negarse a dialogar para llegar a acuerdos de estado en todos los temas que trascienden los ámbitos partidistas. Para decirlo claro y catalán, ha derrochado su mayoría para hacer apología ideológica y para imponer su visión recentralizadora del Estado.
Nada que ver con el acuerdo al que han llegado, por ejemplo, los democristianos de la CSU de Baviera, la CDU y los socialistas del SPD para formar un nuevo gobierno en Alemania para tener más fuerza y más sensibilidades ante los retos que tienen por delante. Es impensable un acuerdo similar en nuestra casa. En cualquier país con madurez democrática los pactos comportan incorporar en el programa de gobierno propuestas de la fuerza política que semanas antes era el adversario electoral. Asimismo también implican la renuncia a compromisos electorales que se habían mantenido a lo largo de la campaña.
Desgraciadamente aquí no se ve así . No importa que la parte afectada por una nueva ley esté radicalmente en contra. Tanto es que invadan competencias de otras administraciones. No importa que los efectos que se buscan lejos de buscar el bien común sean claramente partidistas e ideológicos. El resultado es desalentador.
Lo hemos visto muy recientemente con la ley Wert, perfectamente democrática porque ha sido aprobada por unas Cortes que se derivan de unas elecciones, pero que es un auténtico disparate. Es un despropósito aprobar una ley contra la que se han manifestado frontalmente toda la comunidad educativa de nuestro país y todas las fuerzas políticas de la oposición.
Por este motivo hemos recusado al ministro Wert. Esta recusación se debería hacer extensiva a Mariano Rajoy porque ha permitido que se apruebe el ataque más feroz contra la identidad lingüística y cultural de Catalunya desde la recuperación de la democracia.
No es así, como se gana la estabilidad de un país y cómo se ponen los cimientos de una sociedad más justa, competitiva y preparada para el futuro. El PP ha dejado bien claro que le preocupa más españolizar a los niños catalanes que ofrecer y garantizar una buena educación a todos los estudiantes, y así no vamos a ninguna parte.
Marta Llorens, vicepresidenta portavoz de Unió Democràtica de Catalunya.

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