lunes, 19 de noviembre de 2018 14:08
Sociedad

Los cachalotes en el Ártico anuncian un cambio dramático en su ecosistema

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Un avistamiento poco común de cachalotes en el Ártico canadiense es el último signo de un ecosistema que cambia rápidamente, dicen los científicos.



Brandon Laforest, biólogo marino del Fondo Mundial para la Naturaleza, y el guía Titus Allooloo estaban trabajando en un proyecto para monitorear el efecto del tráfico marino en la población de narvales de la región cuando vieron a la pareja de grandes ballenas en las afueras de Pond Inlet, una comunidad en el extremo norte de la isla Baffin, en septiembre de este año.


El video captura el segundo avistamiento conocido de cachalotes en la región. En 2014, los cazadores de Pond Inlet los vieron en la zona.


Al principio, Allooloo y Laforest pensaron que las formas oscuras en el agua eran orcas -otra especie que se ha convertido en un visitante frecuente de las aguas a medida que la temperatura aumenta-. Pero la forma distintiva de la aleta dorsal sorprendió a Allooloo, un cazador veterano.


"No son conocidos por nosotros, no sabemos mucho sobre ellos", dice Allooloo a la 'CBC'.



Mientras que varias especies de ballenas prosperan durante todo el año en el Ártico, como la beluga, la ballena de Groenlandia (o ballena boreal) y el narval, la fisiología de los cachalotes les dificulta la navegación en aguas más frías.


Sus cabezas y partes superiores del cuerpo son suaves y contienen una grasa muy apreciada por los balleneros -espermaceti o esperma de ballena- que se vuelve cerosa en aguas frías. Sus cuerpos, que pueden pesar hasta 56 toneladas, también son ineficaces para romper el hielo.


Aunque no representan una amenaza para el ecosistema, existe la preocupación de que los cachalotes puedan quedar atrapados a medida que se acerca el invierno.


"Es posible que las ballenas inexpertas que explotan un hábitat del norte no sepan salir lo suficientemente pronto antes de que se forme el hielo marino", dice Laforest.


La vasta área de las aguas del Ártico -estimada por investigadores canadienses en más de 14 millones de kilómetros cuadrados- dificulta a los científicos el seguimiento efectivo de los cambios en el ecosistema, incluyendo la llegada de especies no reportadas anteriormente.


Los conjuntos de datos en línea también son raros, lo que dificulta la recopilación de tendencias. Los investigadores trabajan cada vez más con las comunidades Inuit, que tienen una larga historia oral de especies en la región.

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